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Daydream Nation
Sonic Youth
(1988)
Por:
"spirit desire..."

 

Hace ya unos tres años y dos meses escuché Daydream Nation en la computadora y me aburrió tanto que tuve que abandonar al tercer tema. Por aquella época yo andaba por el último año del secundario, viviendo esa locura colectiva obligatoria que son los últimos meses de clase, el delirio purulento durante el cual un marginal puede llegar a sentir cierto apego a la masa de la que tanto renegó. Era el momento justo para enamorarme de Sonic Youth.
Nunca voy a olvidar cuando me hizo click. Yo viajaba en ese momento en la parte trasera de una camioneta, con unos amigos, estaba con auriculares, y de alguna forma, cuando empezó a sonar el atemporal riff que inicia el disco, el de "Teenage Riot" (despues de la enigmática introducción beat con los susurros de Kim Gordon), cuando escuché esos rasguidos, caí en la cuenta. Por un momento asocié profundamente, y de alguna forma eso quedó grabado, el viento del viaje, la música y la vida en ese momento, todo un torbellino semiótico. Fue una pequeña revelación, una epifanía ínfima. Estaba en la ruta, estaba viajando, todo eso quedaba atras.
Quizás por esto es que Daydream Nation es hoy todavía mi disco favorito. Es un punto final en mi vida. Puede que por esto mis loas hacia el disco puedan parecerle exageradas a la mayoria. La realidad es que fuera de esto el álbum tiene incontables virtudes.

"we will fall"


Muchos pueden llegar a sentir cierto rechazo a las primeras escuchas, como yo, porque el sonido es superficialmente monótono. Esto es cierto sobre muchas de las obras de Sonic Youth. Pero puede superarse ya que, pese a la clásica estructura guitarrera y las siempre presentes paredes de sonido y largas improvisaciones, la grandeza del grupo reside en sus sutilezas. Daydream Nation es un delirio arquitectónico, y la gracia al contemplarlo por primera vez, luego de haber cruzado la barrera de lo rutinario, es ir posando los ojos en cada pequeña grieta, cada tubería, cada una de esas cosas que hacen del bloque un bloque único.
La disonancia es otra de las cosas que son un gusto adquirido. Pero no hay que temer, pues detras de esa disonancia se esconde un talento innato para la melodía. La cantidad de piruetas intuitivas que pueblan la paleta guitarrística de Thurston y Lee, mas la facilidad que tienen para la atmósfera, el drone y el feedback, convierten este supuestamente simple y monótono trabajo en un maremoto de ideas musicales inéditas hasta hoy mismo en la historia del rock. Porque ¿a qué se puede comparar esto? A mí no se me ocurre nada.

Quizás sea cosa mía, pero no lo creo, pues está merecidamente considerado un clásico y casi un punto de inflexión junto con un par de obras de la misma época. Yo diría que aún suena fresco y actual el día de hoy, a casi veinticinco años de su publicación. Tampoco creo que sea muy loca la relación que yo tengo con el disco. Probablemente otras personas también se sientan así de apegadas. No se. Para mí siempre será ese viento fuerte en la cara, esa sensación de estar huyendo, esa incertidumbre. Y tiene muchísima distorsión. Eso siempre se agradece.

 

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