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Anabelas
Bubu
(1978)
Por:

Es difícil juzgar un disco de rock progresivo. Por lo menos un disco de rock progresivo duro. ¿Qué es lo que hace que discos como Thick as a Brick o Close to the Edge sean considerados obras maestras, mientras que otros como A Passion Play o Tarkus, suelen ser considerados como desastrosos? Es difícil saber porque sucede, pero detrás del virtuosismo, y de la complejidad de los arreglos, y de las letras conceptuales que vaya uno a saber qué significan, un disco de rock progresivo que sea bueno, tiene además, un algo más, que hace que cada una de las experiencias que el oyente tenga con él, sea algo que, en sus propios términos, es completamente disfrutable. Algo que le da una coherencia interna al disco y lo hace asimilable, por más complejidad que pueda tener. Esto es lo que sucede con Anabelas.

Anabelas es el único disco que publicó la banda Bubu. Las razones por las que esta banda sacó un sólo disco no se debieron al fracaso comercial de éste, sino a las características propias que tuvo este proyecto. Ya es bastante difícil hablar de Bubu como si fuese una banda; en primer lugar Bubu consistía en un proyecto de un estudiante de música Miguel Zavaleta, que fue reclutando a diversos músicos para poder darle forma a sus locas ideas. Lo curioso es que Zavaleta pronto abandonó el proyecto, pero los músicos, quizás intuyendo que tenían algo grande, terminaron de grabar y sacaron el disco. En segundo lugar, cabe destacar la heterogeneidad del proyecto. Los integrantes de este proyecto fueron varios. Entre ellos podemos nombrar a Sergio Polizzi (violinista, también fue integrante de “Soluna” y miembro de la banda de Pedro Aznar), Eduardo Rogatti (guitarrista, después fue miembro de “La eléctrica rioplatense” de Emilio del Guercio, en “Sueter”, y tocó en la banda de Baglietto y en la de Leon Gieco), Daniel Andreoli (Bajo), “Polo” Corbella (baterista, miembro de “Los abuelos de la Nada”), Cecilia Tenconi (flauta), Wim Fostman (saxofón), Petty Guelache (cantante, miembro de Orion’s Beethoven y El reloj). La heterogeneidad de músicos no es, sólamente, heterogeneidad de instrumentos. Sino que cada uno de estos músicos vienen de tradiciones diferentes: rock, jazz, música clásica, folklore, etc.


 

Por último, hay que destacar la no contuinidad de la banda. Anabelas fue un disco publicado por una banda que ya no existía. No existió promoción alguna en el momento de su lanzamiento, ni fue un éxito de ventas. El hecho de que hoy sea considerado un pilar del rock progresivo es un fenónemo que, en parte hay que agradecerle a internet, pero que es bastante difícil de poder explicar.

La mencionada heterogeneidad de músicos participantes en el proyecto se mide, por supuesto, en las tres composiciones del disco. Una pequeña exploración sobre las opiniones que tenían distintos oyentes sobre este disco, me permitió ver comparaciones con la obra de Frank Zappa, King Crimson, Anglagard, Magma, o al “sonido de Canterbury”, entre otras. Lo cierto es que es muy difícil saber de qué se trata la cosa, de encontrar un sonido de la banda, porque sólo tenemos tres composiciones hechas por ellos, menos de cuarenta minutos. En ese breve espacio de tiempo, Anabelas se encarga de arrojar cada influencia posible; muchas veces chocando la ejecución de distintos instrumentos entre sí. La magistralidad del disco, es que, pese a todo, todo este maremagnum de cosas no tiene como educto un resultado caótico sino que, después de la confusión inicial, uno se puede dejar llevar en cada una de las composiciones.

Otro elemento que me parece que juega muy a favor del álbum es que, si bien cada una de las performances de los artistas es increible; los tipos no cometen ese horrible error típico de las bandas progs, en la que cada uno de los solistas busca demostrar que es el mejor, ejecutando solos interminables. Acá cada músico demuestra que sabe tocar, pero cada uno de los instrumentos coordina perfectamente con los otros. Pero esta coordinación no es armoniosa. No, sino que por el contrario, es una coordinación violenta. Los instrumentos luchan los unos con los otros para hacerse escuchar.

Ahora bien, el disco tampoco es homogéneo. No es un caos distópico que sólo muestra a distintos músicos chocando entre si. El primer tema, por ejemplo, “El cortejo de un día amarillo”, es bastante melódico y armonioso durante gran parte de su extensión (el tema dura casi veinte minutos); mientras que “Sueños de Maniquí”, la tercer composición, se acerca bastante más al free jazz. Por supuesto que estoy hablando sólo de momentos de estas composiciones. Cada una de éstas tiene en su interior muchísima versatilidad. La ya mencionada “El Cortejo de un día amarillo” incorpora, por ejemplo, unas voces bastantes magmeanas (supongo que de acá viene la comparación que antes mencioné) o, pocos minutos después, aparece una especie de silbatos que funciona como contrapunto de la melodía principal (¡!)

Y esto me lleva al último punto al que me quería referir. Finalmente, lo que hace que “Anabelas” sea un disco tan bueno; es la calidad y frescura que demuestra. El caos de instrumentos, la versatilidad que cada uno de ellos tiene, las variaciones de las interrelaciones que cada uno de éstos demuestran, hacen que este disco sea una experiencia única. Sin contar además de que tienen un sonido latino que es bastante difícil de encontrar en bandas del género. También tiene un sonido bastante más rockero y agresivo que lo que suele ser la norma.

That's all. Dejo un video de "El cortejo de un día amarillo" (dividido inconvientemente en dos partes)

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