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Stories from the City, Stories from the Sea
PJ Harvey
(2000)
Por:

Les voy a contar mi historia con este álbum. Una mañana me desperté y prendí la radio. A los pocos instantes comenzó a sonar un tema bastante accesible y llamativo, que me recordó a Patti Smith. Como no había escuchado sus álbumes post-Wave, asumí que sería un tema de ahí, hasta que dijeron que era de PJ Harvey. Yo ya sabía sobre ella, pero nunca la había escuchado. Esto me motivó a conseguir sus álbumes: primero Dry, que me decepcionó (aunque con el tiempo lo comencé a apreciar), y luego (pese a esa decepción) Stories From The City, Stories From The Sea. Cuando lo escuché por primera vez estaba pasando por un mal momento, y volver a escuchar esa canción de la radio me alegró tanto que la escuché casi sin parar durante tres días. Esa canción es “Good Fortune”, y si una mujer se pudo casar con la Torre Eiffel, quizás algún día intente casarme con ese tema. Y por qué no, con el resto del álbum.

La discografía de PJ Harvey presenta una evolución bastante interesante que dificulta un poco establecer cual es su máximo logro. Quizás el oscuro y pesadillesco To Bring You My Love tenga más admiradores, y quizás el más reciente Let England Shake haya recibido más atención de los críticos, pero Stories... tiene una gran cantidad de entusiastas dispuestos a defenderlo, entre los que me incluyo. Sus dos primeros discos tenían una crudeza que los hacía difíciles de escuchar pero presentaban momentos algo accesibles. Con To Bring You My Love se vuelca a su faceta más tenebrosa y en Is This Desire? mantuvo un poco ese estilo pero buscó experimentar con samples y otros elementos electrónicos que lo hacen parecer más difícil de penetrar y debido a eso no tuvo la misma aceptación. Stories... se diferencia por su sonido más accesible, casi comercial, pero la operación formal que realiza tiene algunas cosas llamativas que merecen un comentario adicional al predecible “es su álbum más pop y feliz”.

Si bien PJ siempre estuvo un poco al margen de las “tendencias”, Stories... recuerda mucho a cierto momento. Es un álbum que viene de ese mundo bastante reciente en el que aún existía el britpop y se grababan discos como Is This It? y OK Computer. El “indie” no había llegado aún a ser mainstream, y nadie tenía cuenta en Pinterest o tumblr. Algunas de estas canciones podrían haber sido cantadas tranquilamente por Shirley Manson. O por, no sé, cualquier otro ícono femenino “alternativo” de los 90. Piensen en películas como Eternal Sunshine of the Spotless Mind o Before Sunrise, e íconos culturales como Jarvis Cocker. Stories... es un álbum que desde su tapa, con PJ elegantemente vestida y con un trasfondo que, uno supone, es de una megalópolis como Nueva York, remite a un nuevo imaginario relativamente hipster y del siglo XXI.


 

Como alguien de la periferia provinciana y tercermundista que solo se sintió realmente cerca de ese mundo cuando fui a Starbucks por única vez, un álbum como este me despierta una cierta fascinación. No es que PJ venga exactamente de ese mundo, pero este es su intento de dar un salto a una estética más accesible, con canciones pop pulidas (que muchos compararon con las de Chrissie Hynde) que, como en el caso de Frank Sinatra en uno de sus famosos clásicos, le permitieran dominar el mundo desde New York. Mencioné dos veces a esa ciudad por algo: buena parte de las canciones hacen referencia a esa ciudad (y claro que “Kamikaze” es un presagio de lo que pasaría al año siguiente), uno de los nodos más importantes de la nueva economía globalizada y posmoderna y todos esos clichés que el lector de Spazz promedio, imagino, ya conoce, por lo que no tiene sentido perder tiempo en distracciones pseudointelectuales de gente que admira a Woody Allen y lee a Baudrillard y demás.

Por suerte a PJ la apuesta le salió bien: buscó una estética alejada de la oscuridad y depresión que caracterizaban a sus creaciones anteriores, y en el proceso encontró un sonido perfecto que no solo imita a sus influencias, sino que las supera. Puede que también sea su pico compositivo, y la producción es impecable y logra el efecto buscado. PJ siempre intentó distanciarse de ese arquetipo del artista como “alma torturada”, o por lo menos eso es lo que nos quiere hacer creer, así que puede que su obra no sea un fiel reflejo de sus emociones o traumas, y que incluso tenga algo de “self-consciousness”. Uno asume que estas doce canciones representan experiencias personales, pero está claro que hay una búsqueda de una atmósfera en particular por fuera de esa expresión del “mundo interno”. Podría decirse que es un álbum conceptual, cuyo concepto sería “enamorarse en Nueva York”. Pero parece más una idea imaginada por ella de como sería eso en la realidad que un intento de contar experiencias personales. De hecho, el álbum fue grabado en Inglaterra, aunque nadie lo pensaría al escuchar las canciones. El concepto es bastante “obvio”, algo que podría verse como una falencia, pero eso no quiere decir que no funcione.

Los suntuosos acordes de “Big Exit” abren el álbum a lo “arena rock sofisticado en ciudad cosmopolita”, y la letra paranoica sugiere una búsqueda de vías de escape a peligros de raíz emocional, pero quizás la intención sea mostrar una realidad abrumadora y peligrosa. Inmediatamente viene la ya mencionada “Good Fortune”, una canción optimista que sugiere una salida a esa crisis (“things I once tought unbelievable in my life have all taken place”) por medio del amor. ¿Cursi, no? Salvo, claro, porque la canción es perfecta, con una estructura casi en espiral (no sé como describirla de otra forma), y con PJ cantando libre de cualquier atadura. Creo que nadie puede olvidar una canción así, en especial cuando se relaciona tan bien con el track que le precede.
 

El resto del álbum sigue patrones similares, con una instrumentación sutil que refuerza la idea y crea la atmósfera adecuada, alternando entre las explosiones típicas de “rock alternativo” producidas de forma “espaciosa”, como sugiriendo una expresión sonora de ese gran organismo urbano (“This Is Love”, himno de la mujer sexy posmoderna, o algo así) con piezas más introspectivas y surreales que revelan momentos de intimidad y fragilidad (la bella “Horses In My Dreams”, la extraordinaria reflexión final “We Float”). También hay un momento de comentario social explícito en “The Whores Hustle and the Hustlers Whore", pero ciertamente ese no es el punto fuerte de PJ (la letra se siente un poco ingenua), aunque afortunadamente el tema funciona gracias a su atmósfera de caos y decadencia urbana, y supongo que puede interpretarse como el intento de una chica de procedencia rural de expresar las sensaciones que genera encontrarse en una gran ciudad y frente a un torrente de información poco alentadora.

Entonces, me da la impresión de que Stories… tiene una idea bastante fuerte por detrás, materializada por medio de un estilo cinemático que me hace visualizar muchas cosas, y que busca plasmar una experiencia. “You Said Something” no dice el “something” del título, pero se intuye y se siente. Su letra sobre estar en el techo de un rascacielos de Brooklyn crea un contexto ideal para su historia de amor ¿imaginada?, y con “how did we get here? to this point of living?” PJ parece reflexionar acerca de algo más. Estas imágenes tan románticas también aparecen en “This Mess We’re In”, otra gran canción que cuenta con la participación de Thom Yorke, dando como resultado otro punto alto del álbum.

Stories From The City, Stories From The Sea es un álbum sobre esos momentos en los que escapamos a una realidad algo oprimente por un rato y vemos las cosas desde otro ángulo. No es entonces un álbum sobre enamorarse en Nueva York, sino más bien sobre como imaginamos a esa vía de escape en una Nueva York ideal, que refleja casi el corazón de ese mundo peligroso y bello a la vez, en donde la gente parece lejana pero a la vez surge la posibilidad de formar un vínculo con alguien. PJ, junto a su banda (la misma con la que había grabado sus dos primeros discos) logra un efecto que no se da en cualquier álbum, y si bien se va a extremos (desde lo íntimo hasta prácticamente lo bombástico), posee una cohesión que hace que escucharlo entero sea una experiencia bastante diferente, aún si en teoría el disco no presenta nada radicalmente nuevo.

También en Spazz:

El pináculo del arte. Un disco que enseña a escuchar el momento exacto en el que un sonido se acalla, como quien mirara una gota estrellarse en cámara hiperlenta
A destacar el público pequeño, la banda sonando completamente ajustada, sin acrobacias, apenas dejando una instrumentación discreta que hace sobresalir a las canciones mismas sin que el protagonismo se lo lleve nadie más.
La cosa es así: si te interesa el revival mal hecho de música mal hecha del mainstream de los ochentas, comprátelo. Si te gusta mucho Goldfrapp (como a mí) no va a lastimar tus oídos, pero será algo decepcionante. Y si no te interesa una mierda después de leer esto, entonces esta revisión fue exitosa.
Un ejemplo de cómo unas influencias claras no pueden opacar la frescura y el atrevimiento de una banda talentosa
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