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It's a Wonderful Life
Sparklehorse
(2001)
Por:

Es muy irresponsable escribir de los discos que te gustan mucho. No sabes que describir, no sabes que especificar, no sabes si logras transmitir ese inclasificable sentimiento que hace que un disco sea tan especial para ti. Probablemente las personas que te leen (si alguien te lee) encuentren que toda la cursilería que escribiste no son más que bobadas, y que al final no has dicho nada claro.

Es algo arriesgado, llevas sobre tus hombros la carga de tener que hacerle al disco que vas a revisar una presentación adecuada que refleje con precisión toda esa genialidad escondida que posiblemente pocas personas ven (al menos así pasa en este caso). Por tanto, intentaré hacer una combinación entre eyaculación de fanático y descripción más o menos objetiva.

It’s a Wonderful Life quizás sea uno de los discos que más he amado en mi corto periodo de vida escuchando música. Es, posiblemente, el punto más alto de Sparklehorse, una banda (más bien es el seudónimo del cantautor Mark Linkous) que sacó solo 4 discos, y que recorre los caminos del Lo-Fi y del pop/rock alternativo, de un corte claramente intimista, con letras que se dirigen la mayoría de las veces a lo surrealista, haciendo siempre referencia a la naturaleza y sus elementos.

El álbum en cuestión es inmensamente melódico, de estructuras, salvo contadas excepciones, basadas en el pop. Esto permite que nunca aburra y que se quede en tu subconsciente de una forma fácil, pero no banal. Las canciones son ingeniosas, no caen en lo obvio o en lo meloso, lo cual hace que las melodías no generen disgusto; son solemnes y discretas, no rompen la barrera y entran en lo ridículo o monstruoso, y cuando deben ser poderosas y sobrecogedoras saben serlo. Es decir, tenemos un conjunto de canciones perfectamente armadas, con un trabajo de estudio de primer nivel (A Mark Linkous le disgustaba tocar en vivo porque perdía el control sobre todo que sí tenía en el estudio) que se encarga de que cada detalle, cada atmósfera, cada guitarra y voz distorsionada suene como deba sonar. El disco tiene una orientación hacia un sonido “viejo” y “desgastado” a propósito, que se ve reflejado por el especial tratamiento de las cuerdas y los pianos. Siempre me he imaginado el sonido como un pantano brumoso de verdes opacos.
 

Mark Linkous en este álbum se cansó de trabajar él solo en su estudio, tocando todos los instrumentos (así grabó sus dos discos anteriores), así que en esta oportunidad obtuvo apoyo de su discográfica, y contó con una banda completa, además de ingenieros y célebres colaboradores (músicos como Tom Waits, PJ Harvey y Nina Persson participaron en la grabación). El resultado fue un disco con una riqueza sonora increíble, trabajado con amor y dedicación, y que significaba además para Linkous una respuesta a la gente que solo veía tristeza en sus canciones (de allí el nombre del disco). El álbum usa una gran cantidad de instrumentos, tales como: optigans, piano wurlitzer, chamberlin, mellotrones, sintetizadores, glockenspiel, una gran cantidad de sonidos atmosféricos, violines, etc. Que dotan al álbum de una belleza y profundidad perfecta.


Ya desde el primer tema (It’s a Wonderful Life)  sabemos hacia dónde va encaminado el disco. Es claramente un álbum melancólico, introspectivo y que apunta a la reflexión. La canción en cuestión es como un pequeño vals distorsionado, con optigans, mellotrones y loops electrónicos, que preparan a la perfección la base para que la susurrante voz haga lo suyo. “it’s a wonderful life”, dice el coro, que por lo demás poco o nada tiene que ver con lo cantado en los versos: “I wore/a rooster's blood/when it flew /like doves/I'm a bog/of poisoned frogs”.  Un canto a la vida, uno de los intentos de Mark Linkous de verle un lado positivo a la existencia, luego de sufrir depresión gran parte de su vida. Para muchos el mensaje es una burla, pero él estaba convencido de que la vida era algo maravilloso, aunque con él no fuera del todo amable.

La melodía fluye discreta, sencilla y tierna, mientras va marcando pauta para lo que vendrá después; y es que el disco es básicamente eso: una conjunción extraña entre ternura pop y surreales paisajes dibujados por la lírica de Linkous. Las canciones del álbum no se limitan a alabar  la naturaleza con simpleza o superficialidad, sino que van más allá y la reconstruyen poéticamente, crean su propio mundo y juegan con sus elementos. Es una ternura matizada con un extraño sentimiento onírico, característica que posiblemente sea la principal de la música de Sparklehorse.

Aunque el disco apela claramente a la tranquilidad, a la melodía pop invernal, no carece de momentos de fuerza y sobresalto, ya sea porque la canción da para eso o porque la intensidad dentro de la aparente paz del tema quiebra con la calma. Debido a esto, a pesar de lo sobrio y delicado que pueda parecer el sonido, no llega a aburrir nunca; cada canción es un mundo, lleno de detalles, ya sea por las geniales y discretas guitarras o por uno de los muchos sonidos que Linkous trabajó cuidadosamente en su estudio casero (llamado Static King), quizás alguna cuerda, quizás algún piano. Más allá de eso, las melodías no están exentas de pequeños puntos climáticos que le dan sonoridad y poder a cada uno de los temas.

Posiblemente el punto más alto de la carrera de Mark Linkous como músico. Un compendio increíble de melodías dulces e invernales adornadas por todo tipo de arreglos lo-fi. Hay cuerdas y loops atmósfericos, así como guitarras con distorsión y potencia. Es la tristeza hecha álbum. La ternura convertida en canción. La belleza emana con cada frase cantada.

No es solo un conjunto indie de canciones depresivas. Es emoción, es una capacidad de llevar una canción pop un paso más allá, musical y emocionalmente. Cada tema es un lago de profundidades inconmensurables en el cual te sumergirás a gusto. Verás desde lo profundo como se escabullen los rayos del sol, y no querrás salir.

Letras surrealistas y frases preciosas. Melodías brillantes y arreglos acertadísimos. Un disco prácticamente perfecto de principio a fin, con puntos bajos que no son tan bajos.

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