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Veneno
Veneno
(1977)
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La revolución del flamenco nació entre paredes de protección oficial. Algunos momentos y lugares quedan grabados en la memoria colectiva de varias generaciones como mojones culturales. Como el CBGB neoyorquino en 1975/1976, uno de esos lugares fue la Sevilla de la segunda mitad de los setenta. La ciudad que dio a luz al rock andaluz y cuyo culmen fue un disco tan influyente y único que cambió el universo del flamenco y lo expandió a nuevos horizontes. Un álbum cuyo nombre se basaba en la popular canción de Los Chunguitos y que tenía una piedra de hachís en la portada. Ese disco fue «Veneno» (1977).

Contextualicemos. En 1977, España salía de casi cuarenta años de dictadura tras la muerte de Franco y el país iniciaba una andadura democrática que en su momento estaba tan repleta de interrogantes como de ganas de vivir y de respirar por parte de la sociedad. Aires de cambio que salpicaban a la música popular, cuyos principales exponentes en esta segunda mitad de la década en España apuntaban al sur. Por esos años surgía el rock andaluz y el flamenco comenzaba a mezclarse con otros géneros. Con el rock y el blues, como lo comenzaron a hacer Smash, o con el rock progresivo de Triana. 

Veneno fue uno de los discos capitales en este proceso, grabado por tres personajes peculiares que sin quererlo ni beberlo cambiaron la historia de la música: Kiko Veneno, Raimundo Amador y Rafael Amador. Un hippy catalán y dos hermanos gitanos y adolescentes que malvivían tocando la guitarra e inhalando la vida entre las asfixiantes paredes del mayor gueto de Europa: las 3.000 viviendas de Sevilla.

La historia de Veneno es la de los hermanos Amador, que en la grabación del disco no contaban ni con 17 años y que se dedicaban a tocar la guitarra e intentar echar mano de alguna propina en los bares de Sevilla. Hasta que conocieron a Kiko Veneno, un hippy catalán aficionado al flamenco y a los ripios imposibles que se había recorrido Estados Unidos e Inglaterra y había conformado una colección respetable de vinilos que incluían a Jimi Hendrix, Frank Zappa y Eric Clapton. Blues, psicodelia, rock... estilos que los hermanos Amador absorbieron y mezclaron con el flamenco, en improvisaciones de horas ¿muertas? con Kiko entre risas y sustancias de todo tipo. Algo de atrevimiento punk había en todo esto. Así se creó un gazpacho genial de blues, flamenco y pop, un estilo único que cambiaría por completo todo, entre bolsillos que no aspiraban a nada.

Para entender el clima en el que se desarrolla todo es imprescindible visionar el fabuloso documental sobre el nacimiento del disco, «Dame Veneno» (2008), cuyas anécdotas llenas de miserias y humor contadas por los propios personajes (algunas tan desternillantes como cuando fueron a grabar a Madrid y aparecieron colocados en el estudio con una sandía que partieron sobre un piano de cola) reflejan el espíritu punk, transgresor y, a la vez, de camaradas que caracterizó al grupo. Para la grabación del disco la guinda fue Ricardo Pachón, productor que ya había empujado a Smash a incorporar a Manuel Molina para acelerar la fusión del rock y el flamenco. Responsable de «Veneno», era funcionario cuando conoció a los Amador. En cierta forma, el disco supondría la parada previa al trabajo que desplegarían los Amador, Pachón y Kiko Veneno en «La leyenda del tiempo» (1979) de Camarón.

Hasta entonces, Veneno es un disco de improvisaciones llenas de guiños entre hermanos, de bromas de amigos y de una creatividad desbordante, cocida en una realidad asfixiante y difícil. Porque la principal característica del álbum es su capacidad de «naturalizar» la mezcla de estilos. Al igual que después harían en Pata Negra, los hermanos Amador fueron máquinas de asimilar influencias e incorporarlas en un rico mejunje de flamenco y pasión. A diferencia de muchos discos de fusión en los que se percibe que la mezcla es artificial, en las guitarras de Raimundo y Rafael todo cobra sentido de forma inusitadamente sencilla: jazz, blues, rock, pop...Y con una pasión y frescura enorme. Pitos de carnavales y risas...interpretaciones al borde del delirio. Todo es auténtico en Veneno. Se nota la química entre los tres amigos: las letras surrealistas y urbanas de Kiko Veneno casan perfectamente con las guitarras flamencas rabiosas de los Amador, engrasadas a la perfección y maceradas por años de penurias y cientos de tardes de aburrimiento y calor en las 3.000 viviendas.

La inspiración se revela a través de doce cuerdas y una voz rajada. El nylon remojado en blues y flamenco de los hermanos Amador sirven de perfecto acompañamiento a las letras canallas. El resultado es un cóctel molotov lanzado al corazón de una Sevilla nocturna, de personajes excéntricos y encuentros peligrosos. El duende está por todas partes. Si el universo fue creado en alguna ocasión, lo hizo con la música de «Los Animales». Pocas cosas más bellas se han grabado desde el intermedio de guitarras de los hermanos Amador en «Canción Antinacionalista Zamorana». Y el genio entrecuerdas de nylon continúa en «Indiopole», una carrera de guitarras al filo de la muerte. Un rally que se desarrolla lejos del día, cuando la noche cae. Es entonces cuando una Sevilla barriobajera y flamenca se abre ante nuestros ojos en la bizarra y genial «Aparta el corazón de las mangueras», verdadero tema central del disco. Pero en el álbum hay raciones de chipirones, claro que sí. Y chascarrillos con forma de canción como las dos gemas pop del disco: «Los Delincuentes» y «San José de Arimatea». Letras revolucionarias cuyas preguntas solo encuentran chasquidos de guitarra por respuesta en una España que tan solo intentaba hablar sin tener que pedir permiso. Que ardía en hacer el amor sin muletas. Y que, al igual que el disco, respiraba libertad por todos sus poros.

«Veneno» fue un fracaso en su momento y el grupo se separó un año después de su publicación. Pero la influencia que creó ese disco es difícil de igualar en la música española. Gracias a él, Camarón, grabó su «Leyenda del Tiempo» en 1979 con todo el grupo a bordo y probó que la fusión tenía eco en los grandes del género. Años después, Pata Negra, formado tan solo por los dos hermanos Amador, triunfaban en España mezclando blues y flamenco y el sello Nuevos Medios, señalaba nuevos grupos como Ketama que mezclaban el género con géneros como el raï argelino o la kora africana. En 1980, Paco de Lucía decidió fusionar jazz con flamenco en ese «Friday Night In San Francisco» grabado con Al Di Meola y John McLaughlin. Por su parte, tras una década sin éxito con algunas colaboraciones, Kiko Veneno triunfó en 1992 con “Échate un cantecito”. «Veneno» fue el disco que puso la primera piedra de la emancipación del flamenco de sus orígenes. Todo nació entre caladas de humo, risas y hambre.

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