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Libertango
Astor Piazzolla
(1974)
Por:

Piazzolla, Piazzolla... personalmente creo que es el músico y compositor más interesante de Argentina y, por qué no, de toda América Latina. Además de ser uno de mis artistas favoritos en general. En la revisión que hice de The Good Son (que quedó en uno de los últimos lugares del top 100 pese a ser uno de los mejores discos del conjunto, ¡qué criterio estúpido que se usa para armar una lista como ésta!) dije que, con artistas tan cercanos como éstos, es muy difícil tener que elegir un disco en particular; sobre todo cuando la discografía de este músico es tan extensa y variopinta. Es todo un tema porque uno sabe que ningún otro de los participantes va a pensar en la inclusión de un trabajo de este artista, por lo que tampoco sé si podría poner un disco más oscuro y menos conocido. De alguna forma el elegido tiene que ser un trabajo con el que se conecten todos aquellos que conocen y gustan de Piazzolla (un “¡uh, que bueno que llegó a estar este disco en este top de esta magazine del orto!”), pero también es interesante, me parece, elegir un disco que le sirva como introducción a aquellos potenciales lectores (hoy no los hay, pero si el administrador paga el host por unos cuantos años.. ¡quien te dice que para el 2016 no haya alguno que lea!) que todavía no lo conozcan.

Y bueno, entonces voy a hacer una pequeña biografía sobre este señor que nos compete. Ástor Piazzolla nació en 1921 en Mar del Plata, una ciudad turística de mala nota que está en la costa de Buenos Aires, pero a los pocos años de edad, su familia emigra hacia Estados Unidos, donde viviría hasta mediados de la década del 30. En el medio, cuando tenía 8 años, su padre le regala un bandoneón y Ástor empieza a tener una formación de música clásica. En 1936 volvió a Buenos Aires y quedó fascinado por el tango (en particular con el conjunto de Elvino Vardaro) y para 1939, con apenas 18 años, entró a la orquesta de Aníbal “Pichuco” Troilo, el compositor más importante de la época, llegando a ser el primer bandoneón y a arreglar los tangos para la orquesta. En pocos años pudo liderar su propia orquesta, pero la abandonó para seguir sus estudios musicales en Francia. Mientras estudiaba a compositores como Stravinsky pudo escuchar, casi de casualidad, al conjunto de Gerry Mulligan revolucionándose otra vez más su forma de percibir la música. Estos tres grandes campos: la música clásica, el tango y el jazz, son los que conformarían la base de lo que después él llamó Nuevo Tango.

Obviamente, no puedo detenerme los trabajos de Piazzolla en este espacio (una discografía completa puede encontrarse en la siguiente página: http://homepage2.nifty.com/mitsu-sa/discografia_p45.htm ), pero voy a comentar que su formación más conocida fue el famoso Quinteto, con el que trabajaría durante toda la década del 60, desde su Piazzolla interpreta a Piazzolla (dónde está la primera versión de la archiconocidísima “Adiós nonino” hasta “Concierto para Quinteto”, ya del 71. En el año setanta y dos, Ástor forma el proyecto que quizás sería más ambicioso: su Conjunto 9. Si bien el trabajo que venía haciendo desde antes cosechaba un reservado éxito por parte de la crítica, las composiciones que Piazzolla hizo con esta nueva agrupación fueron bastante criticadas, básicamente porque “no era tango.” Piazzolla, resignado, se va a Italia donde graba Libertango, que es el disco que lo consagraría a nivel internacional (y también en su país – los críticos pensaron que si Piazzolla recibía laureles en Europa es porque, después de todo, no debía ser tan malo). Y bueno, después de Libertango, Ástor siguió componiendo material quemacerebros por casi veinte años más, si les interesa vayan a la biblioteca o algo (?)


Bueno, hablando sobre Libertango en particular, este disco quizás hoy sea el más canónico de Piazzolla, y fue muchas primeras cosas: como dije antes, fue el primer trabajo que tuvo un enormísimo reconocimiento internacional. Fue también el primer disco que grabó en Italia, con músicos que no provenían del tango (hay otros trabajos de Ástor co-interpretados por músicos de clásica – por ejemplo – pero son muy prematuros, y pertenecen a esa época en la que Piazzolla todavía estaba buscando su sonido). También fue este el primer disco en el que rompió radicalmente con esa mezcla de clásica, jazz y tango, para acercarse muchísimo al rock (si bien esto se empezó a insinuar en algunas de las composiciones hechas para el Conjunto 9, como “Oda para un hippie”). El tipo de instrumentistas convocados para la grabación del álbum también era, para el momento, bastante inusual en Piazzolla, con un órgano y un bajo eléctricos, además de instrumentos como marimbas, timbales, flautas; además por primera vez en diez años Ástor era acompañado una orquesta de cuerdas. El combo finaliza con instrumentos ya típicos en su música, como la guitarra eléctrica, un violín solista o un piano.

El álbum contiene un total de ocho canciones. De esas ocho, la única que quizás esté de más es “Adiós Nonino”. Esta canción que Ástor compuso tras la muerte de su padre, también es buenísima, pero considero que no supera a la versión grabada en 1969, con brillante introducción de Dante Amiccarelli en el piano. No obstante, los arreglos electrificados le dan a la canción un toque bastante distinto, y el sólo de bandoneón es conmovedor, como siempre. Las otras siete composiciones del disco son nuevas. Las siete tenen cómo nombre un adjetivo o un sustantivo al que aparece sufijada la palabra “-tango”. El genio de Piazzolla consiste en que fue capaz de transmitir a los oyentes la carga semántica que cada una de esas palabras tiene (violencia, tristeza, libertad, etc.), a la vez que transporta al oyente a un suburbio de la vieja Buenos Aires.

Recomiendo dos composiciones para que pispeen los incautos. Una es “Tristango”, mi canción favorita de Libertango. Creo que tiene la mejor performance de bandoneón de todo el disco; también me parece que es el tema más arrabalero del disco. El otro tema es “Amelitango”, compuesta para la cantante (y su esposa) Amelita Baltar. Posiblemente sea el número más conocido después de Libertango y Adiós nonino. Es interesante porque es un Piazzolla que transmite una sensación totalmente distinta que la de Tristango. En mi opinión es, pese a ser instrumental, una de las mejores canciones de amor jamás escritas.

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