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Another Green World
Brian Eno
(1975)
Por:

Al confeccionar nuestra lista de los 100 mejores discos de todos los tiempos, Brian Eno se nos presentó como, posiblemente, la figura más influyente en el rumbo que tomó la música “popular” (que es, en definitiva, lo que estamos evaluando) en las últimas 4 décadas. No solo por su innovadora carrera solista o por su presencia en los primeros discos de Roxy Music, sino también por su rol como productor, colaborador y promotor de muchos artistas importantes (y eso solo mencionando la parte “musical” de una carrera que en realidad trasciende a la música). Ciertamente Eno no es un artista popularmente “conocido”, pero su influencia en muchos otros artistas e incluso en la existencia de géneros enteros es indudable. Nuevas generaciones siguen descubriéndolo, algo que recientemente vio reflejado en el hecho de que MGMT hiciera una canción sobre el.

El concepto de música ambient es algo controversial, más que nada por su naturaleza poco intrusiva que para Eno concluyó con una seguidilla de álbumes que dieron forma al estereotipo de “tres acordes de piano repetidos durante una hora”. Eso no quiere decir que esos álbumes sean malos o carentes de interés (de hecho, funcionan bien), pero durante un período de los años 70 logró combinar (sin volver a lograrlo) una sensibilidad pop con su original visión del potencial poco explorado de ciertas facetas del fenómeno musical, y hasta con algo de humor, en álbumes extraordinarios como Before And After Science, Here Come The Warm Jets y quizás su obra maestra, Another Green World. Sin llegar a esos “excesos” ambient de buena parte de sus siguientes álbumes, y sin encajar en el estereotipo de “música de fondo” que muchos le atribuyen al género, Another Green World nos presenta un uso del estudio, de los teclados y del formato pop completamente único que combina canciones relativamente tradicionales con una serie de verdaderas pinturas sonoras minimalistas, dejando atrás definitivamente lo que quedaba de glam rock en sus lanzamientos anteriores. Eno concibe al sonido como una serie de texturas capaces de crear una atmósfera o una asociación emocional, sin que esto se transforme necesariamente en “música de fondo”.

Los títulos de los tracks instrumentales son bastante reveladores: “In Dark Trees”, “Sombre Reptiles” y “Little Fishes” son algunos ejemplos bastante claros, describiendo adecuadamente como suenan esas piezas y la atmósfera que crean, alejándose de la música dominante de la época, y sin limitarse a actuar de “banda sonora” como en una película, ya que nos hace visualizar cosas por si misma, creando bosques, árboles y animales abstractos. Es música hecha de una forma poco “orgánica”, demostrando el potencial del uso de sintetizadores y trucos tecnológicos extraños. Hoy en día, en gran parte gracias a artistas como Eno, hacer música con computadoras es bastante común, y si bien el tanto el medio como el resultado pueden hacer pensar en algo frío y deshumanizado, la realidad es que estamos hablando de una forma de hacer las cosas que permite nuevas posibilidades antes inexistentes (aunque la idea de que el sonido por si mismo genere imágenes existe desde por lo menos la época de la música clásica/romántica). La habilidad compositiva de Eno y la forma impecable en que las canciones fluyen son una ventaja adicional que permite que la experiencia sea memorable. El trabajo con las texturas hace que la instrumentación (aportada por amigos suyos como Robert Fripp, John Cale y Phil Manzanera) gane una serie de “propiedades” o cualidades bastante especiales y muy difíciles de describir.
 


 

Lejos de apegarse a una única forma de hacer las cosas, Eno alterna piezas con distintos propósitos. “The Big Ship” y “Becalmed” parecen explorar estados emocionales, y ciertamente son un gran ejemplo de como la música, sin necesidad de palabras, puede producir esas reacciones. Estoy hablando de composiciones tan extraordinarias que, escuchadas en cierto momento, pueden marcarnos para toda la vida. “Sky Saw”, por su parte, presenta unas texturas increíbles y mucho más “filosas” (adecuadas al título) y un canto casi dadaísta que anuncia: “All the words float in sequence / No one knows what they mean / Everyone just ignores them”. Parece sugerir que debido a que a nadie parece importarle mucho (!), dejará de prestarle atención a las letras. Siempre que se habla de Eno se menciona que Eno usa las palabras más por como suenan que por lo que significan, pero hay que destacar que otros temas del álbum sí tienen letras con bastante sentido.

Al mismo tiempo el álbum presenta canciones más tradicionalmente pop, como “St. Elmo's Fire”, “I'll Come Running” o “Golden Hours”, todas ellas melódicas y bellas, apareciendo como si de pronto, en ese mundo en el que ya nos sumergimos, nos encontráramos con seres humanos en el medio de la nada. Parecen canciones bastante tradicionales que podríamos imaginar sonando en una radio, a las que se le ha quitado todo aquello que nos pueda hacer imaginar a alguien grabándolas en un estudio (algo irónico teniendo en cuenta el estilo), por lo que parecen más como algo producido por la naturaleza o por las leyes de la física. Esos tracks presentan temáticas bastante llamativas: “I'll Come Running”, una especie de hit autosaboteado, es sobre esperar a alguien, y “Golden Hours” es sobre el tiempo en sí mismo, algo que parece interesarle mucho a Eno, y que se refleja en unos proyectos más recientes en que exploraba la idea de la música representando el tiempo geológico (aunque no se mucho sobre ellos). Another Green World realmente es un viaje por un nuevo mundo en el que nuestra noción de tiempo y espacio ha sido alterada. Parece haber abandonado todas las preocupaciones banales, todo lo que no sea esencial. Eventualmente nuestro viaje concluye de forma casi espiritual, con piezas como “Everything Merges With The Night” y “Spirits Drifting”, y no podría ser de otra forma.

Es fácil percibir la influencia de material como este en la aparición de géneros enteros que hoy en idea tienen gran reputación y hasta popularidad (al menos en ciertos círculos), como el ambient, el post-rock, el dream pop, y en gran cantidad de subgéneros “electrónicos” como aquel ridículamente llamado IDM. Pero también podemos rastrear influencias en antecesores, y al mismo tiempo, con álbumes como Another Green World se llega al fin de una búsqueda que había comenzado en los 60 con la psicodelia y las tendencias más progresivas y pretenciosas, que no fueron del todo exitosas (como la escena krautrock, en la que Eno llegó a participar produciendo y grabando álbumes con artistas de la misma como el dúo Cluster). Una búsqueda de un sonido que pudiera expandir nuestras percepciones, que venga de nuestro inconsciente, efectivamente pintándonos otro mundo en nuestra cabeza. Un mundo igual pero diferente. No podría tener un título más adecuado.

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