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London Calling
The Clash
(1979)
Por:

Suponiendo que las obras musicales son la expresión de algo, London Calling es aquella que expresa – como ninguna otra – la más profunda declaración de amor por la música. Más allá del belicoso tema titular (y algún otro) con sus sugerencias revolucionarias, The Clash, en el fondo, nos está invitando a celebrar la existencia misma de la música, de los sonidos que tienen esa intangible capacidad de llenarnos de dicha por cualquier cosa en cualquier momento. Tan simple su premisa y a la vez tan grande, London Calling se zambulle de cabeza en un guiso colosal de country, boogie, rockabilly, ska, reggae, power-pop y quién sabe cuánto más, puesto que las canciones aborrecen la etiqueta obvia. En plena vigencia del punk-rock y su analfabetismo militante, The Clash se anima casi al contradiscurso: tributar y sintetizar de forma hiper-experta varias fuentes musicales del hinchado globo terráqueo pero sin perder un ápice el desenfado: un rosario de diecinueve temazos cargadísimos de vigor y jolgorio para los días de la vida. Los momentos para no olvidar jamás se cuentan por miles (casi), pero siempre cabe mencionar uno o dos: la brutal "centrepiece" "Guns Of Brixton", con su atmósfera sublime de frontera tercermundista, guaridas narco y gendarmes corruptos. Suena a Manu Chao sin la corrección política. "The Card Cheat" suena a Pulp. El principio de "Clampdown" suena a los Pixies. El riff inicial de I'm Not Down te devora el cerebelo. "The Right Profile" te hace desear estar en las calles, agitando por la ventanilla del auto. "Jimmy Jazz" es más cool que la mierda. Pero el legado y la consistencia son casi lo de menos: es un disco para subir el volumen al taco y dejarse atravesar hasta que las fronteras entre canciones, entre lo que es música y lo que es vida, se desvanezcan.

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