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The Mollusk
Ween
(1997)
Por:

Aaron Freeman y Mickey Melchiondo han sido condenados a la categoría de "artistas raros de culto", que solo tienen como fans a la clase de gente que se junta a drogarse mientras ven The Big Lebowski y a los que sueñan con volver a los 60s y ser roadies de los Grateful Dead o de alguna banda hippie como esa. Pero este talentoso dúo editó desde principios de los 90 una extraordinaria seguidilla de álbumes eclécticos y consistentes como The Mollusk que eventualmente lograron convencer a muchos escépticos de tomarlos en serio, pese a su estética absurda y desafiantemente ridícula. Pocos artistas se atreven a intentar que sus canciones suenen casi graciosas, y aún menos, como Frank Zappa, lograron ser realmente respetados pese al prejuicio que beneficia a las obras "serias" (algo similar a lo que a veces pasa en el cine). Los tiempos cambiaron y hoy en día el humor y especialmente la ironía tienen un poco más de aceptación, en parte debido a la hegemonía del "indie", por lo que el cliché de que son "apenas" un grupo "paródico" ya no tiene tanta fuerza. Este álbum es un buen ejemplo del potencial de concebir incluso a una serie de acordes de guitarra como algo que puede sonar irónico o gracioso, algo que no perjudica a las extraordinarias composiciones, sino que las ayuda y conforma una visión idiosincrática.

En The Mollusk encontramos la máxima expresión de ese estilo, y uno de los álbumes más llamativos de la década, en la que se encontraron más cerca de gente como Beck que de las tendencias dominantes. Lo que hace que se destaque por sobre los demás lanzamientos del dúo es su cohesión, que afortunadamente hizo que perdieran su tendencia a explorar, deconstruir y reensamblar todo género y estilo con el que se crucen. En este caso, rock progresivo, psicodelia, folk, canciones de marineros, country, polka, pop de FM y muchas otras sorpresas son unificadas por un concepto "náutico" y respaldado por el imaginario que rodea a esos géneros y figuras (fauna marítima, barcos y sus tripulantes, criaturas mitológicas de las profundidades, superficies que se extienden en el horizonte hacia el infinito, etc.) Así es como, por ejemplo, podemos imaginar a los cantantes absurdamente sexistas de "The Blarney Stone", una pieza similar en estilo al folk irlandés que hacen los Pogues, como marineros ebrios perdiendo tiempo en una taberna. Pero hay canciones que resultan casi inclasificables, como un delirio psicodélico llamado "Mutilated Lips", en el que se sumergen a otro tipo de profundidades.
 

Los arreglos y la producción ayudan mucho a que las composiciones ganen una atmósfera "oceánica" y que esta unifique a todos los tracks (aún a pesar del brutal choque de estilos), como en el caso de "Cold Blows The Wind", el cover de una balada folk medieval (en realidad titulada "The Unquiet Grave"), que es potenciado con arreglos sinfónicos sombríos y, al mismo tiempo, con unos teclados que suenan casi ridículos, reforzando solemnemente a este lamento trascendental de hace siglos, pero a su vez haciendo que su significado se expanda. Los mejores momentos del álbum suenan familiares, como arquetipos, pero a la vez como algo extraño y diferente - en una misma canción pueden coexistir una voz distorsionada y exagerada al punto de la parodia con una instrumentación que podríamos imaginar en un álbum conceptual de Emerson, Lake & Palmer. Eso sucede en canciones más progresivas como "Buckingham Green" y "The Golden Eel", ambas con un sonido feo, pretencioso y exagerado que contrasta con letras absolutamente carentes de sentido y que a cada segundo suenan más y más pomposas, llegando a un nivel de absurdo tal en el que es imposible volver a escuchar una canción similar y tomarla en serio. Esta tendencia al exceso y a la exageración hace que la música sea paradójicamente impactante en un sentido emocional y casi surreal en cuanto a contenido y presentación, una versión completamente irracional de estilos cuya "seriedad" conceptual ya dábamos por sentado.

La primera escucha de este álbum puede alienar y desorientar a cualquier persona, e incluso cambiarle la forma de pensar en la música. Si bien no es una obra "vanguardista", hay una clara voluntad de no hacer concesiones a los clichés del canon del "buen gusto" que esperamos en un álbum de "rock". Es en muchos sentidos un álbum "psicodélico", en el que las canciones parecen sacadas del subconsciente por medio de alucinógenos (y probablemente ese sea el caso), aunque no busca tanto "expandir" nuestra percepción como confundirla de forma prácticamente posmoderna. Hay algo lúdico en The Mollusk, y no solo en cuanto a su creación, sino también en el proceso mediante el cual el oyente interpreta la obra. Es un álbum cuyo significado, si lo tiene, está abierto, y depende de quien lo escuche rastrear la procedencia de todas las partes. Pero también es bueno resaltar que no se toman a su trabajo muy en serio, aunque al mismo tiempo este álbum demuestra un entusiasmo y un afecto por la música en sí misma y su proceso creativo que es poco frecuente.

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