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Acostumbrados a segmentar cuanto nos rodea, el domingo representa el día que condensa las experiencias y sensaciones ocurridas a lo largo de la semana. En una contradicción, en él se descansa y se sufre. Resulta imposible disfrutar de la ociosidad cuando se sabe que ésta caducará pronto. A la mañana siguiente la rutina se reinicia, volviéndonos a ubicar en el punto más lejano a aquello a lo que añoramos y que, cuando llega, somos incapaces de disfrutar. En inglés se le llama “Sunday Blues” a esta sensación a la que son proclives principalmente estudiantes al  saber que después de dormir tendrán que regresar a clases. En la música, Morrissey apenas comenzar su carrera solista, se quejaba de que todos sus días fueran grises y silenciosos como un domingo, así lo manifestaba en el hit “Everyday Is Like Sunday” donde de paso hacía gala de su peculiar humor pidiendo la llegada de una bomba nuclear que terminara, de una vez, con el suplicio.

Como puede verse, el último día de la semana difícilmente levanta los ánimos, su fin histórico ha sido el de reposar dando a cambio pocos frutos. Uno de ellos, tal vez el de mayor valía, fue una banda británica que se encargó de reivindicar los sentimientos melancólicos que abundan en esas tardes solitarias a la espera del regreso a la rutina. Nos referimos a The Sundays, que ya desde el nombre ofrece una idea clara del sonido contenido en la totalidad de sus grabaciones, que por no abundar se convierten, cada una, en un tesoro que conviene compartir.

Los orígenes de The Sundays se remontan a mediados de los ochenta, cuando Harriet Wheeler, una joven proveniente de Oxfordshire, entró a la Universidad de Bristol, en donde conocería a David Gavurin, un estudiante con el que pronto caería enamorada. Gavurin era un entusiasta de las letras francesas y españolas, Wheeler, por su parte, a pesar de estudiar Letras Inglesas, jamás se sintió enganchada al ambiente académico, por lo que se refugiaba en diversas pasiones entre las que destacaba la música. La relación entre ambos creció a tal punto que optaron por vivir juntos y fue ahí donde empezó a gestarse  la agrupación, de la que ellos eran núcleo. 

El proceso fue lento, nacieron las primeras maquetas sin que hubiera ninguna prisa ni expectativas a las que responder. Fue la incorporación de Patrick  Hannan (batería) y Paul Brindley (bajo) la que hizo alcanzaran otra dimensión, si bien su aportación creativa era escasa, fueron piezas clave para que el incipiente proyecto tomara forma. Harriet recordaba aquellos primeros pasos como algo empujado por las circunstancias, de niña jamás se imaginó como una futura estrella de rock, ellos mismos se vieron sorprendidos por la manera tan ligera y natural como se fueron dando las cosas.

Para ascender a la fama hubo dos sucesos clave. El primero, su concierto debut ocurrido en el Vertigo Club el 20 de Agosto de 1988. A él llegaron luego de que algunas cintas caseras de sus grabaciones circularan de mano en mano hasta llegar a un empleado del lugar quien, prendando a sus melodías, decidió invitarlos a un show donde abrirían para un conjunto ahora en el olvido. La actuación destacó de tal forma que, como cuenta la leyenda, los periodistas presentes volcaron sus notas a The Sundays en vez de hacerlo con el acto principal. Varios sellos discográficos empezaron a luchar por firmarlos, siendo Rough Trade el ganador. Bajo su tutela, grabarían un primer sencillo titulado “Can’t Be Sure”, ante el que, con unanimidad, prensa y público se rindieron.

El segundo suceso clave fue la bendición que recibieron por parte de John Peel, una de las figuras más influyentes en el ambiente musical británico quien dio constante rotación por la radio a “Can’t Be Sure” que a la postre sería votada por los escuchas como la mejor canción de 1989 en el célebre Festive 50’s por encima de bandas de la talla de Pixies, James, The Stone Roses, The Wedding Present y JAMC.

Esta cálida acogida no fue gratuita: la voz de Harriet Wheeler era una caricia imposible de resistir. Algunos se encargaron de calificarla como “angelical”. Gran parte de los elogios que pudieron cosechar se debieron precisamente a ese peculiar timbre y a la capacidad expresiva que la distinguía. Los lamentos nunca habían sido tan dulces. El complemento ideal era la guitarra de David  que, junto al resto de los instrumentos, tomaba lo mejor dream pop y lo mezclaba con la acústica de tradición folk. Para darse una idea, decir que desde el primer segundo se asoció a su sonido (que podría definirse como el ensueño de los campos citadinos) con el de leyendas como The Smiths y Cocteau Twins. Un ejemplo era el lado B de “I Kicked A Boy”, que remite en la parte musical a “Cemetry Gates” de The Queen Is Dead (1986) por esa guitarra acústica que planea el camino. Durante  años fueron reservados al hablar de sus referentes, cerca del final llegaron a mencionar a Van Morrison y a Joni Mitchell como inspiración, pero en líneas generales, comentaba Harriet:

“No hay un artista o estilo que busquemos emular en particular. Si hemos sido influidos por algo, ha sido más por el talante de ciertas grabaciones que por el estilo musical mismo.”

Reading, Writing & Arithmetic, su álbum debut, tardó un año en prepararse para finalmente ser lanzado el 15 de Enero de 1990. La lentitud se debió a que no tenían suficientes canciones listas cuando el éxito los tomó por sorpresa. A diferencia de otros grupos nacientes, no guardaban cúmulos de composiciones a la espera en baúl. La principal crítica era la propia, se negaban a completar el minutaje con relleno, sin comprometer, preferían aguardar a que la inspiración llegara y, a partir de ella, realizar un trabajo cuidadoso que lograra pasar el filtro refinado que se autoimpusieron.
El esfuerzo valió la pena. La crítica los adoró y cuando se decidieron a dar una gira, abarrotaron cada lugar en el que se presentaron. Obtuvieron disco de oro en Gran Bretaña y Estados Unidos. Las ventas alrededor del mundo alcanzaron el medio millón de copias. Pronto fueron considerados una seria promesa para convertirse en el grupo lanza que requería la escena inglesa luego del debilitamiento del indie, la muerte de The Smiths y la abulia de los Roses. Lo que ahora conocemos "Britpop" aún no surgía, por lo que era un menester mediático promover algo que pudiera, al menos, presentar una opción local al rock que se hacía en América. La alternativa a la estridencia y depresión proveniente de Estados Unidos no se combatía con fuego, se hacía con agua cristalina. The Sundays eran suaves, no blandos. Una suavidad que se deslizaba lentamente para explotar en forma de emociones.

Para 1992, algunos meses después de que Rough Trade cayera en bancarrota, firmaron por Parlophone. Blind, el segundo larga duración, lanzado en Octubre de ese mismo año, tardó en llegar más de lo esperado en parte por una agotadora gira con la que recorrieron Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón, que no daba espacio suficiente para la composición de nuevas canciones. Una historia parecida a la que tuvieron con su álbum debut. Jamás fueron prolíficos, el sentido perfeccionista y estilo artesanal de sus melodías no congeniaban con el ajetreo de la industria del entretenimiento al que, de manera inteligente, decidieron ignorar. Este segundo trabajo ahonda por los caminos trazados por el antecesor sin que esto signifique una repetición en la fórmula; no hay cambios drásticos, se mantienen los rasgos que los diferenciaban de la competencia. Al respecto el guitarrista apuntaba: “No sentimos que formemos parte de las nuevas tendencias británicas, sean Britpop, New Grave, Big Beat o lo que sea. Simplemente aramos nuestro propio surco a un lado de lo que está pasando.”Algunos matices en Blind pueden hallarse en temas como “What Do You Think?” o la preciosa “I Feel”, un tributo a esa segunda vida, en ocasiones más afortunada, contenida en los sueños; cerca de la mitad, la guitarra toma el control para ofrecer un fenómeno pocas veces visto en el pop, en donde la estridencia hace alianza con la ternura.

Las ventas de este nuevo material fueron de la misma proporción que las de Reading, Writing & Arithmetic lo cual dio pie a otra gira exitosa. La carrera, evidentemente en ascenso, no daba pistas de poder flaquear; poseían lo que envidiaría cualquier otro grupo: éxito, prestigio, clase, carácter… The Sundays no tropezaban con la prueba de fuego del segundo disco, nadie podía imaginar entonces que apenas después de alcanzar la cima, bajarían de ella sin apenas inmutarse. Una vez que la serie de conciertos llegó a su fin, vino un retiro de cinco años motivado en un principio por cansancio, y extendido por dos acontecimientos personales: la boda de David y Harriet y el nacimiento de su primera hija, Billie, en 1995.

Queda claro que el estrellato ocupaba un lugar secundario dentro de sus prioridades, sitio que correspondía a algo mucho más importante: la vida familiar. Nuevas responsabilidades los orillaron a, por ejemplo, cancelar sesiones de fotos al no poder encontrar una niñera disponible y a comenzar la construcción de un estudio casero de grabación que proveyera de intimidad a próximos proyectos. Según contaron en una entrevista, otra de las motivaciones fue la tortura que suponía tener que aguantar que desde el otro lado de una pared una persona desconocida les ordenara cuándo debían empezar a tocar y parar.

Las aguas, mientras tanto, se calmaron. El retiro de The Sundays coincidió con la explosión del Britpop, con bandas como Oasis, Blur y Pulp soltando hits de suficiente calibre para hacer olvidar de un plumazo el pasado inmediato. Para 1997, cuando regresaron con Static & Silence el enorme fervor que alguna vez los cobijara, se redujo. La prensa, por primera vez, les mostró el lado obscuro de la moneda. El New Musical Express que en otrora los incluyera en portada, le dio una calificación de 3/10 a este nuevo material. El crítico Mark Beaumont hundió el cuchillo diciendo que “Luego de 5 años, The Sundays seguían siendo, esencialmente, tan aburridos como…los domingos”.

Aun así, el nuevo sencillo “Summertime” les valió para conseguir el puesto #15 en las listas, y si bien el álbum no vendió tanto como sus antecesores, al menos les permitió tener un hueco en las estaciones de radio e iniciar una nueva gira. Respecto a la calidad de los temas, una vez asumido el ligero descenso, pueden detectarse algunas gemas como “Folk Song”, “Cry” y “Thinking About You”. Las nuevas composiciones eran menos nebulosas, parecían llevar el olor de flores y  el color de las frutas. La parte "estática" a la que refiere el título del álbum proviene del rechazo del grupo al falso dinamismo que suele inundar a la industria entretenimiento. El cine, la literatura, la música, parecen estar lleno de momentos excepcionales cuando la vida humana es, en su mayoría, un reposo. David decía que ellos intentaban tener un estilo dedicado a esas lagunas del tiempo, aquellas destinadas a la reflexión y al recuerdo.

 

Al terminar la promoción de Static & Silence tomaron un descanso…un descanso que se mantiene hasta ahora sin que existan indicios de que termine algún día. En la actualidad las estaciones de radio, los canales de video e inclusive internet los tienen abandonados. De ser una banda con alta proyección, han pasado a convertirse en una agrupación de culto conocida solo por unos cuantos afortunados. La historia de The Sundays se aleja del cliché de excesos y drogas; el adiós no llegó por conflictos internos, sino por la vocación familiar. Surgidos cuando los ochenta llegaban al final, pareciera que fueron sepultados junto con la década de los noventa. Se les llega a recordar, sobre todo, por la brillante versión que hicieron en 1994, durante los años de retiro, a “Wild Horses” de The Rolling Stones, idea que surgió en una noche de copas por considerar demasiado larga a la original.

Voz y guitarra en carrera paralela por acariciar los oídos. No hubo un solo segundo  en la carrera de estos ingleses donde el oído pudiera verse raspado o lastimado. Escuchar a The Sundays equivale a vaciar un bote de miel sobre ellos, sin empalagar, simplemente reconfortando a través de un masaje auditivo. 

Más que carisma (jamás fueron polémicos ni reconocidos por ser “sensuales” o "cool"), lo que ayudó a que despuntaran era el estímulo agradable que representaron. Para David su música no era miserable ni depresiva, la identificaba especialmente con la melancolía, el sentimiento contradictorio por excelencia. Uno que te pone triste y que, extrañamente, logra hacer de ello un placer. Él lo explica como "la tristeza de saber que se ha terminado combinada con la alegría de recordarlo". Una forma perfecta para definir también las sensaciones que producen los tres álbumes y el puñado de sencillos que The Sundays dejaron en un legado que urge rescatar del pasado.
 

  

 

Citas:

"Nuestras canciones no son acerca de ser estrella de rock, cosa que no somos, o sobre ser un adolescente  enamorado, que tampoco. Son, simplemente, pequeños fragmentos de lo que sentimos como verdadero".

(Harriet Wheeler)


Sobre los cambios:

“La gente se obsesiona con el cambio y la novedad. Tienen que estar empujando las barreras estéticas hasta el fondo. Y eso está genial, lo de la música innovadora, pero no todo tiene que ser así. Me gusta cuando las personas simplemente dan una parte de sí. No tiene que ser único, no tiene que demostrar otra clase de música o cultura, solo ser ellos. Eso es lo que intentamos hacer. No estamos pensando en ser rompe-esquemas. ¿Y por qué cualquier trabajo artístico debería ser un barómetro cultural? ¿Debería una disco señalar siempre el lugar donde te encuentras mientras suena?”

(David, en entrevista para NME)


 “No quiero decir que no seamos ambiciosos. Estamos contentos por la cantidad de discos que hemos vendido, y nos gustaría llegar a más gente, pero no a costa de lo que somos. Si este trabajo recibe una buena respuesta, estoy seguro de que nos encontraremos complacidos. Pero nunca lanzaríamos algo en lo que no creemos simplemente para tener algo circulando en el mercado”.

(David, en entrevista para “Addicted To Noise”, 1997)

 

Canciones:

 

It's that little souvenir of a terrible year
which makes my eyes feel sore
oh I never should have said, the books that you read
were all I loved you for…


 

England my country the home of the free, such miserable weather
but England's as happy as England can be
why cry 
and did you know desire's a terrible thing
the worst that I could find
and did you know desire's a terrible thing
but I rely on mine…


 

Don't wake me like that
I was dreaming & I'm tired of everyone
here's hoping that you'll
go now so long leave me alone…


 


 

So is this what it's come to?
am I cold or just a little bit warm? 
o well 
give me an easy life and a peaceful death…


 


 

summer sky and a throat bone dry 
and the fields are all gold 
dusty lane with a song in my brain 
and it stoned me to my soul…


 

 

Referencias:

But I Still Want More (A site dedicated to The Sundays”), Here's Where The Story Ends (The unofficial UK homepage for The SUNDAYS), huan.com/sundays/, The Sundays Everyday, Harriet Wheeler Dedication Page, Arithmetic, leftoffthedial.com, archivedmusicpress.wordpress.com. Nota: La mayoría de los sitios anteriores fueron administrados por fans durante el llamado “internet 1.0”, pocos de ellos siguen en línea y se accedió a ellos gracias al cache de google y al sitio archive.org. Parte de las imágenes que ilustran este artículo fueron rescatadas de esos sitios y son utilizadas aquí únicamente con fines de divulgación. Si usted es el propietario de alguna de ellas y quiere verla retirada contacte con los administradores del sitio para solucionarlo.

 

 
 

 

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