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Hablar de Bioshock es hablar de arte, lisa y llanamente. No recuerdo un ejemplo mejor para alguien que te pide una descripción de algo tan abstracto como el arte. Pero esta “nueva” forma de calidad artística sólo puede entenderse bajo un prisma no apto para gente que intenta desmerecer a los video juegos como sólo un divertimento. Ese juzgar a éste tipo de entretenimiento que parece estar orientado sólo a un pequeño grupo de nerds dentro de una pieza y ningún número de minas en el celular, son resacas de generaciones pasadas que poco y nada han probado para ver si dicho rótulo que acostumbran ponerle a estos “juegos para chicos” verdaderamente lo merece. Le pasó al cine en su momento, también a grandes novelas que hoy son clásicos indiscutidos.

Pero mi idea no es hacer de éste texto una crítica o un pedido de seriedad al momento de hablar de este tipo de “diversión”. La función que busco cumplir es la de un tipo sorprendido, encantado y atrapado en una pequeña ciudad bajo el mar llamada Rapture. Porque Bioshock es Rapture, y hablar de dicha ciudad es hacerlo sobre la mejor invención hecha en ningún juego. La introducción al guión suena infantil: un fuerte empresario se cansó del mundo en el cual vive y con todos sus recursos logra crear una especie de sociedad utópica debajo del mar, con lo mejor de la sociedad terrestre. Un lugar donde el científico no tiene que lidiar con la molesta línea moral para sus diferentes avances laborales. Donde no existe dios. Donde la ley de propiedad está puesta completamente en duda pero al mismo tiempo se vive un capitalismo extremo. ¿Interesante no?

El futuro de dicha sociedad es el obvio para todo mundo utópico: la anarquía, el apocalípsis de una ciudad que en sus mismos cimientos contradice sus no-leyes teniendo como líder a un flaco que no puede ni con sus propios desordenes de personalidad y demostrando que siempre se puede estar peor. Ahora bien, lo increíble de Bioshock es que esta historia no es un relato propiamente dicho… tenemos guía y alguien que busca ponernos al tanto de lo que pasa, pero la que verdaderamente nos cuenta su historia es Rapture. Grafittis escritos con sangre, anuncios comerciales completamente bizarros y desquiciados, cadáveres mostrando señales (muy impresionable la escena de los cuerpos demostrando como el padre mato a toda su familia antes de suicidarse), voces que por medio de una grabadora muestran la psicología de sus diferentes habitantes. Todo tiene un porqué y un para qué, nada está librado al azar.

Desde luego que la mayor sensación que nos ocupa mientras tenemos el joystick en la mano es la de terror, y esto se logra gracias al gran trabajo de los desarrolladores. Vos estas ahí, no estás jugando, estas sufriendo lo mismo que el protagonista. Cada poder que consigue (y los poderes se consiguen inyectándote, lindo doble sentido) es tuyo por el sólo hecho de ayudarte a sobrevivir. A nivel jugable es una maravilla. Como he comentado, aparte de las clásicas armas (que algunas no son para nada clásicas) tenés diferentes poderes (llamados "plásmidos") con los cuales podemos desde quemar a nuestros rivales a lograr que se vuelvan locos y maten a sus compañeros; miles de posibilidades que se utilizan según cual sea el rival y/o teniendo en cuenta el lugar. Si los enemigos están sobre el agua lo mejor es usar los rayos para oler un poco su carne azada, y asi con los diferentes artilugios.

Mas allá de lo divertido que resulta la historia, el guion y los diálogos son lo mejor del juego. Es que lo rico de la historia es la carga moral que en ciertos momentos tiene. Y ésto se pone en práctica con las "little sisters", unas pequeñas niñitas que tienen la fuente (llamada "adam") que necesitamos para habilitar nuestros poderes. Al atrapar a éstas niñas (luego de derrotar a sus protectores, "Los Big Daddys", unos robots humanoides) tenemos dos opciones: volverlas a la normalidad logrando extraer el suficiente "adam" o matarlas y robárselo todo. Dichas opciones tienden a cambiar el final del juego, pero no varian el camino hacia el mismo.

Dejando de lado todo lo que no puedo decir, debido a mi corto conocimiento de críticas a video juegos y programación, se los recomiendo imperiosamente. Más aun a los que no estén acostumbrados a jugar, ya que la experiencia los va a hacer replantearse hasta qué punto dicho entretenimiento deja de ser una cosa de niños para pasar a ser la mayor muestra artística del siglo XXI.

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