Cómo reconocer a un melómano principiante
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Generalmente cuando adquirimos una nueva afición queremos que todo el mundo se entere. Es parte de nuestra naturaleza comunicar a nuestros amigos (en caso de tenerlos) que el monito con el que conviven ha expandido sus horizontes de ocio.

Esto se da especialmente a edades tempranas. Cuando un chiquillo se inscribe a clases de Karate, lo primero que hace, incluso antes que comprar su Keikogi, es anunciar a los cuatro vientos (eviten cuestionarme sobre el origen de la expresión) entre todos sus compañeros de escuela, que pronto podrá partir tablas de madera en dos sin necesidad de usar una segueta afilada.

Somos presumidos, vamos. Cada vez que alcanzamos un logro, queremos que quienes nos rodean lo reconozcan para que el esfuerzo haya valido la pena. Es normal, todos lo hemos hecho en menor o mayor medida alguna vez. Por supuesto hay quienes exageran, como aquellas celebridades que citan a los medios cada que van a darle limosna a un vagabundo. Son claros ejemplos de hipocresía en el que la caridad es un mero pretexto para promocionar su imagen pública.

Eh, lo siento. No quiero desviarme y convertir este texto en una diatriba más contra de la humanidad, así que pasaré al tema central que logró motivarme lo suficiente para dejar de rascarme la panza para venir a teclear algunos cuantos párrafos.

Como les decía al principio, en cuanto albergamos una novedad, el primer paso a seguir es anunciarlo rápidamente. Esto no quiere decir que lo hagamos directamente, muchas veces se emplean técnicas veladas que irónicamente terminan resultando igual de obvias.

Tomemos el ejemplo de la música. Cuando alguien comienza a sentir debilidad por un disco o grupo en particular, todo su universo acaba por girar en torno a él.

Así tenemos al primer signo que delata a la ternurita del melómano principiante:


1.Habla DEMASIADO de música.

Ejemplos:

- Gracias, mami; el plátano estuvo tan exquisito que me recordó al primer álbum de The Velvet Underground.
- Ese Jarabe tapatío estuvo bien, pero no le llegan a Metallica.
- Tengo un amigo que se llama José, como José Luis Perales.


Como se puede apreciar las referencias son básicas y forzadas. Se aprovecha cualquier oportunidad para manifestar las respectivas preferencias auditivas. El chiste es que el mundo entero sepa lo importante que la música es para ti, y que eres bien "rockero". Unas ternuritas, les digo.

Pasemos al siguiente punto:


2.Dice títulos de canciones completos.

Ejemplos:

- No manches, mi favorita de The Beatles (evitan decirle Álbum Blanco para apantallar) es “Everybody's Got Something to Hide Except For Me and My Monkey”, está bien chistosa.
- Uts, ayer casi chillo con “Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me”.


Un melómano experimentado tiene un dominio tal del tema que ante sus semejantes no necesita gastar saliva ni tiempo. Le basta con decir que su favorita es “Me and My Monkey” o que “Last Night” lo hace llorar. El novato se pone en evidencia, busca ser tan correcto que acaba por verse exagerado. Son como Marge Simpson en aquel capítulo del Chanel rosa: Se esfuerza tanto para no desentonar que a lado de la sobriedad de la clase alta se le nota rebuscada.


3.Divulga información errónea de su grupo favorito.

- A Brian Jones lo mató Mick Jagger porque le tenía envidia.
- ¿Sabías que Marilyn Manson era el muchacho que salía en Los Años Maravillosos (zona hispana: Aquellos maravillosos años)?
- Paul McCartney está muerto y fue sustituido por un granjero irlandés.


Sediento de sobresalir, el n00b emprende una búsqueda de datos por internet de manera indiscriminada que luego compartirá con sus semejantes. El problema es que sólo se queda con aquellas notas frívolas que muchas veces son falsas. Recurre a temas dignos de las prensa rosa para escandalizar y aparentar que sabe mucho, sin saber que se encuentra haciendo el ridículo.


4.Le gusta todo.

- Menudo discazo The Division Bell.
- Digan lo que digan, lo último que ha estado sacando Sting está buenísimo.


Estamos hablando de personas con criterio limitado que temen contradecir los cánones establecidos por la sociedad. Para ellos cualquier bodrio que tenga el nombre de Pink Floyd (dicho sea de paso, les encanta la película de The Wall aunque no le hayan entendido) en la portada tiene que ser aplaudido. Son pequeñas ovejas, disfrutan sin protestar todo lo que sus referentes (algún tío o crítico musical) les dicen.


5.Respetan a grupos que nunca han escuchado.

¿Opinión propia? Muy gracioso, dejémosle eso a musicólogos avanzados. Cuando se inicia la travesía melómana es común seguir la corriente de los preceptos que la crítica ha impuesto. En cuanto leen que una banda fue influyente o importante se mentalizan para venerarla sin restricciones. El ridículo es tal que se llega al extremo de sentir un aprecio especial por conjuntos que ni siquiera conocen. La ignorancia es una biblia que distorsiona la realidad por lo que no es extraño escuchar burradas como las siguientes:

-No los he escuchado, pero me encanta Portishead
-Uh, Television. Grupazo… ¿Qué me recomiendas bajar de ellos?



6. No se saben el nombre de los bajistas.

Con algunas excepciones (Paul McCartney, Sting, John Paul Jones, Flea…), el bajista es un espécimen raro que a nadie le importa. Las groupies enfocan sus pantaletas en la figura del frontman, los guitarristas y los musculosos bateristas. Obviamente cuatro cuerdas valen menos que seis e históricamente es un instrumento que no goza de un protagonismo elevado. Por eso quienes lo tocan, deben conformarse con un papel obscuro y de culto dentro de la agrupación. Su labor es sutil y vital; son el equivalente musical a todos los técnicos que aparecen en los créditos de las películas, a los que nadie les da importancia pero que son indispensables. Los amantes de la música experimentados lo saben, pero los novatos no, por lo que una buena forma de descubrirlos es preguntarles el nombre del bajista de un conjunto del que empiecen a alardear. Se quedarán en blanco.


7. Dejan de escuchar música “comercial”.

Un rasgo distintivo de quien apenas inaugura su pabellón auditivo es que, de pronto, de la noche a la mañana dejan de escuchar cualquier tema que tenga tufo de comercial. Son sujetos que se siguen tragando la patraña del “indie” y de los que creen que Pink Floyd (con sus millones de copias vendidas) no son para las masas.
Eso en la superficie, ya que en el fondo les siguen gustando los éxitos radiofónicos a los que escuchan en secreto mientras lagrimean de emoción.


8. No tienen discos originales.

Cuando la economía lo permite, el melómano busca surtir su discoteca con material original con propósitos ornamentales. Las más de las veces no lo hacen por “apoyar” al artista, sino simplemente para satisfacer una vanidad que se infla con cada nuevo ejemplar para su colección. Quien no ama la música, prefiere comprarse un Big Mac antes que derrochar en al menos uno que otro lanzamiento de su artista preferido.


9. Escriben mal nombres de discos y e intérpretes

Al no profundizar en los temas, es común que nos equivoquemos. Entre menos nos empapemos de algo que nos gusta, tendremos menos armas a la hora de debatir o exponer con precisión algo referente a ellos. Lo repugnante aquí es que no se tiene respeto ni por lo más elemental como lo son los nombres que las madres impusieron a sus hijitos rockeros. Thom Yorke pasa a ser Tom York, el divo de Manchester se convierte en Morrisey y nos enteramos que en The Beatles hubo un tal Paul Macarney.
Hay infinidad de ejemplos al respecto:

- Jimmy Hendrix
- Jhon Lenon.
- Chakira
- Siouscsi
- Led Zepellin
- Radio Head
- Artic Monkeys
- Etcccccccccccccccc


***

Comúnmente la etapa pretenciosa se supera después de cumplir trece años. Aun así, se han reportado casos de veinteañeros, treintañeros, cuarentones y hasta octogenarios que siguen queriendo impresionar a gente todavía más tonta que ellos. No está de más señalarlos públicamente para superar el hecho de que alguna vez fuimos iguales.
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