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Una crítica de: Vórtice
  Una crítica de: Axolotl

Los Bunkers hace unos días llenaron el "Movistar Arena" de Santiago. Quizás ese dato para alguien del extranjero o hasta de Chile, no sea relevante. Para mí lo es bastante. Hay pocos artistas, bandas, o en general espectáculo locales, que puedan congregar a 15 mil personas. Es raro, es bien raro. Algo tienen Los Bunkers, algo bien fuerte causaron en el pueblo chileno que merecería un análisis grueso, que no alcanzo a desarrollar acá. Pero lo trataré de hacer, sobre todo agarrando lo que fue su último lanzamiento discográfico, La velocidad de la luz. Digo que es raro, porque en su mayoría las personas que acá en Chile escuchan música de manera más exigente o se consideran abiertamente melómanas, tienen un desprecio hacia Los Bunkers. Es una prueba totalmente empírica la que digo. Todos sabemos que los discos de Los Bunkers se venden, que las canciones de ellos son populares, y que bueno, llevan 15 mil personas a ver el lanzamiento de su nuevo disco. Sin embargo, insisto, ¿quiénes son los fans de Los Bunkers? No tengo la respuesta inmediata, pero podríamos recordar algunas cosas. La banda desde un comienzo fue constantemente vilipendiada por el público más exigente y por la crítica más “experta”. En un principio eran simplemente unos tipos que hacían covers a Los Beatles, luego eran unos plagiadores de Los Tres, más adelante fueron sencillamente un grupo que se subía al carro facilista de la canción de protesta chilena, y luego o quizás últimamente, una banda que hace temas de rock/pop fácilmente consumibles por las masas. En definitiva, Los Bunkers nunca han sido reconocidos realmente acá en Chile. Con una salvedad, y esa salvedad ellos mismos lo deben tener muy claro: venden discos y llevan 15 mil personas a un recinto.



Creo que la discografía de Los Bunkers es perfecta. Me parece que al nunca haber sido realmente reconocidos, y siempre estar en una constante prueba ante la crítica local (sea de algunos medios o del mismo público) como la banda “con proyección” o la banda “que anda en busca de un sonido propio”, etc., etc., pudieron crear los mejores discos de la década pesada. Desde el sonido nostálgico de un Canción de lejos, pasando por la cita hacia la tradición de la canción chilena con La Culpa o el disco de rock directo como Vida Perros, hasta el sinfónico y elegante Barrio Estación. Los Bunkers tiene una doble especialidad, que hasta ahora no ha sido bien catalogada en Chile: hacer discos redondos y tener un respeto sin igual por las canciones. Se puede perfectamente afirmar que esas dos cuestiones Los Bunkers la realizan a cabalidad, y por la misma razón, en mi humilde opinión, estamos ante una o sino la mejor banda de música popular de los últimos 15 o 20 años. Creo que ni siquiera Los Tres ni Los Prisioneros pudieron mantener una constancia como la que ellos trabajaron en estos últimos años, desde Los Bunkers hasta Música Libre, estamos hablando de una carrera altísima y siempre en ascenso. Con Los Bunkers uno puede romper ese prejuicio de que las masas son tontas: cuando las masas se suman a algo con tanta devoción (insisto, esas 15 mil personas) no pueden estar tan equivocadas. Habría que insistir en que la música popular es precisamente donde se conjuga una relación inmanente entre canciones y pueblos, en el caso de Los Bunkers me parece que habría ese tipo de relación o de fórmula que aún sigue siendo muy poco pensada. Para otro análisis tendríamos que dedicar en qué sentido canciones como “Canción para mañana”, “Llueve sobre la ciudad” o “Nada nuevo bajo el sol” tematizarían esta cuestión.

Ante un escenario en que la música chilena, o más bien lo que se ha llamado el “nuevo pop chileno”, se ha convertido en un referente de la música hispanohablante, y los nombres de Alex Anwandter, Javiera Mena o Gepe circulan en mercados tan exigentes como el mexicano o el español como moneda nueva, para Los Bunkers la exigencia es doble. Pues no sólo debían demostrar que podían entregar un puñado de buenas canciones luego de cinco años sin publicar temas de autoría propia (Música Libre es un disco que musicalmente podría ser de autoría propia, aunque las melodías y las letras sean de Silvio Rodríguez), a la vez también la banda publica en este momento de auge de una generación de músicos que se curtió bajo otro contexto que el de Los Bunkers. Con esto quiero decir que La velocidad de la luz se percibe como un disco de una banda ya clásica, consagrada, y que trata de una u otra manera de sonar distinta, de actualizar su sonido. Esto de entrada diría que molesta un poco en la escucha del disco y logra espantar a varios en las primeras escuchas. No estamos hablando de que Los Bunkers hagan derechamente synth-pop al estilo Anwandter, eso está claro que no es, pero sí que la inclusión de los sintetizadores (el disco Acuario de Manuel García del año anterior es un antecedente) se perciben de manera extraña. Aunque, debo decir, que tanto “Si estás pensando mal de mí” como “La estación final” son sin dudas puntos altos del disco. La extrañeza tiene que ver con que pueden sonar algo forzados los arreglos, pero esa sensación es mínima en tanto los hermanos Durán siguen siendo unos excelentes compositores de canciones. Es cosa de repasar un poco el temazo que es “Si estás pensando…”, una letra de esas que Los Bunkers han tematizado siempre, pero que se les arreglan para entregar otra perspectiva que siempre es de la mano con una melodía atrapante, que pareciste haber escuchado mil veces, pero que se te presenta como otra. Cosa parecida realiza “Bailando solo”, tema que fue elegido single, y que forma parte del puñado de temas que dispara hacia otros sonidos. Puede sonar insípida en un comienzo pero con las escuchas se revela bastante grande. De ese puñado agregaría “Sábado”, un tema muy The Cure o la muy My Bloody Valentine de “Desperdíciame”, que debe ser una de los temas más experimentales que han grabado Los Bunkers. Otra que suena muy distinta pero que tiene la pauta de Emmanuel del Real es “Dicen”, una bella balada cantada por Francis Durán. El tema que da título al disco lo rescataría, suena un poco al sonido clásico de la banda, pero ya mucho más pulido, es una canción bellísima, que me recuerda también – iba a ser que no- a las grandes composiciones de Álvaro Henríquez. Pese a esas referencias, que Los Bunkers nunca ocultaron, son trabajadas desde una singularidad muy especial, que hace que cualquiera en Latinoamérica, reconozca que está ante canciones de Los Bunkers.

La velocidad de la luz es un disco ecléctico, quizás es el disco menos homogéneo que grabó la banda, siempre acostumbrada a entregarnos obras, no conceptuales, pero sí con una alta dosis de homogeneidad que daba entender cierta propuesta, así lo fue La Culpa, Vida de Perros y Barrio Estación. La velocidad de la luz es mucho más heterogéneo, y eso es una de las causas de que la recepción del disco ha sido lenta y bastante desigual. Creo yo que estamos ante un excelente disco, pese a los peros que señalé arriba, pero que son menores, porque el respeto de esta banda por las canciones se mantiene, y si esa cuestión se mantiene, estaremos siempre ante un gran disco de Los Bunkers, que si me apuran, son una de las bandas más grandes nacidas en esta tierra, hay que aprovecharla.

  

Los Bunkers han sido desde hace un tiempo la gran banda chilena; la más conocida, la más popular y masiva. Suenan y suenan en cualquier lado, tienen temas que ya son parte del repertorio clásico chileno; onda pones “Llueve sobre la ciudad” en cualquier lugar de esta angosta faja de tierra (?) y todo el mundo te la podría cantar (sin sabérsela de memoria, seguro, y eso sería otro signo de lo oreja que son). Pero de alguna forma su época ya ha pasado, hace rato que no son: “Los Bunkers, banda revelación” sino que son la gran banda chilena, consagrada (quizás, desde el punto de vista de la masividad, a partir del Vida de Perros), y por lo mismo es interesante como este disco, “La Velocidad de la Luz”, llega a meterse en la ola de nueva música chilena desde el costado, de alguna forma forzando los rieles hacia senderos contemporáneos que no son ya los habituales para Los Bunkers, no es el mismo panorama que los vio nacer. Y quizás este tímido movimiento hacia el sonido contemporáneo del pop chileno no les haya sentado del todo bien; no es algo demasiado brusco, se nota la tentativa de sonar un poquitín electro sin dejar de lado su sonido rocker-bunker (?) habitual, haciendo de este álbum una especie de quimera deprimida y temerosa, que corre un poco hacia un lado y luego se devuelve, corre un poco hacia otro lado y se vuelve a devolver; de alguna forma no hay finales ni sonidos definitivos en este disco, tiene de todo un poco: sonidos nunca antes escuchados en una banda como Los Bunkers y sonidos revisitados hasta la saciedad, y para mí eso es clara muestra de que, quizás, ni siquiera ellos mismos saben a dónde quieren ir. Por ahí es un disco de transición y después tendremos a Los Bunkers sonando como Miranda! pero con huevos, o por ahí no se atreven a meterse de lleno en la movida y se quedan en un molde más acomodado a lo suyo. Personalmente, siento que Los Bunkers nunca se han estado quietos en lo que ha sonido se refiere, y que probablemente este álbum no sea más que un pasito de prueba para tener claro a donde ir. Se me ocurre que falta más consenso dentro de la banda, pero que sabe uno.

Suena extraño, como si le faltara cierta relevancia trascendental. A veces, se me antoja como un jugueteo sónico, como un:”sabes, podría ser un temazo, una gran canción, pero prefiero perderme en melodías boludas y simpaticonas” y uno queda así como medio muerto, como con ganas de escuchar el gran momento, el clímax, pero lamentablemente no llega. Y ojo que el disco no está exento de posibles clásicos, en especial la primera parte, el problema es que hay demasiado tema tibio que te deja: “meh”. No son malas, pero sí bastante flojas, algo mediocres. Y es triste, porque a pesar del sonido que tenga la banda, para mí siempre el motor fundamental del grupo, el pilar, han sido sus geniales melodías. Aquí se echan en falta. De pronto estás frente a una genialidad como “Desperdíciame”, tema extrañísimo para el grupo, de tintes épicos y con guitarras creadoras de geniales atmósferas, y al otro instante estás frente a temas como “Sur”, que si bien no llegan a ser despreciables, si logra con bastante habilidad no cerrar nunca y dejarte frío y aburrido. Se echa en falta más potencia, emoción, o algo por el estilo que no sabría explicar. Por suerte, a pesar de que el disco en general sea medio flojo, cuenta con la presencia de cosas como la ya mencionada “Desperdíciame”, “Bailando Solo”, “Si estás Pensando Mal de Mí”, “El Día que Dejaste de Fingir” y un par más que, a mi consideración, son de menor nivel, siendo, eso sí, aún rescatables.



Ahora, más allá de que más de la mitad del disco no te emocione ni te haga rockear totalmente, es cierto que es entretenido. Los temas son cortos, la duración del disco no es mucha y se deja fluir con naturalidad, sin obstáculos infumables en la mitad que te den ganas de sacar el disco e irte a escuchar “Miño”. Y ahora, si tomáramos en cuenta solo la primera mitad sería un discazo. Los seis primeros temas (sacando “No!”, seguramente, aunque a ratos igual tiene lo suyo) son de lo mejor; mención especial para el genial teclado que sirve de introducción en “Si Estás Pensando Mal de Mí”. Para este humilde redactor, en ese arreglo de teclado se encuentra el punto más alto del disco, solo basta escuchar las guitarras crujiendo y el pianito abriéndose paso entre la nebulosa sónica, y de pronto ¡Paf! (?) entra la batería y todo se va a la re mierda. Es mi tema favorito, y lo mejor es que… ¡Cierra con el mismo teclado! Un acierto gigante ese arreglo que merece, sin dudas, toda su atención.

Para hacer un poco de justicia, me gustaría decir que no lo he escuchado tan tan bien, aunque no creo que cambie mucho mi opinión. No es el mejor disco de Los Bunkers, pero tampoco es una mierda horrible. Es entretenido, un pasito tímido (demasiado tímido) a sonidos nuevos, que se alejan del espectro común de la banda. Espero que lo próximo que saquen sea algo mucho más decididamente formado, con una perspectiva clara y con esas docenas de melodías geniales que solo Los Bunkers te pueden entregar.
 

 

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