Damo Suzuki feat. Ginferno y LCDD Nasti Club (Madrid) 25-dic-2010
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EL INFIERNO EXISTE. Y es bello. Imaginen un concierto en un pequeño club nocturno con los siguientes elementos. Cajas de perro como baterías improvisadas. Sirenas de antena sobre sujetadores cósmicos en la cabeza de un tarado. Un ario aullando en una esquina sobre una caja de cerveza mientras se retorcía de dolor y tocaba una pandereta. Y sobresaliendo, un japonés murmurante y cool que desgajaba versos del viento. Ese japonés era Damo Suzuki y lo que los asistentes al Nasti Club presenciaron el miércoles fue un apocalipsis sonoro excitante y lleno de intensidad. Algo único e irrepetible

Hace más de 40 años, Can fue un grupo alemán que rompió fronteras. Dentro del kraut-rock, estilo que mezclaba el rock progresivo con pinceladas de psicodelia y free-jazz, impulsó los horizontes de la música más allá de lo concebido. En esa época fueron los líderes de la escena kraut, junto a grupos tan fabulosos como Neu! o Amon Düül II. Damo Suzuki fue el cantante de Can durante tres años escasos, pero en ese tiempo el grupo sacó lo más dorado de su discografía y dieron con un sonido que les haría únicos. Trabajos como Tago Mago, Future Days o Ege Bamyasi nos mostraban una banda del futuro, con los ritmos electrónicos de Jaki Liebezeit, unas guitarras voladas y llenas de magia y los susurros cool y psicóticos de Damo. Can fueron unos mastodontes visionarios que en su momento pocos entendieron.

Ahora Damo Suzuki venía a Madrid para presentar una propuesta que lleva ya meses introduciendo en capitales tan variadas como Buenos Aires o Londres. Consiste en dar rienda suelta a la improvisación con bandas de cada ciudad, fomentando la interactuación con el público. La noche del miércoles, los elegidos para improvisar con Damo fueron Ginferno y Los Caballos de Düsseldorf (LCDD). Los dos grupos y el japonés formaron un macro combo sobre el escenario con baterías sobre el suelo, contrabajos al borde del colapso, guitarras drogonas y sonidos electrónicos que provenían de los objetos más inimaginables.

Fue suficiente. Las unión de bandas creó una atmósfera envolvente, intensa y constante, donde lo musical se mezclaba con lo sensorial. Si tuviera que definir su sonido diría que era una mezcla entre la Velvet Underground que salió del Factory de Warhol con unos Amon Düül II tocando el día del juicio final mientras son cremados por llamas inmensas. La mezcla fue excitante en todo momento, con una fuerza cercana a la extenuación. Mientras, Damo mascullaba versos inentendibles y aullaba lamentos improvisados. El público asistía atónito a todo el espectáculo. Las 50 personas presentes se movían al compás de las olas con la destrucción como música de fondo. Los aplausos entre jam y jam, confirmaron el éxito de la propuesta.

No tiene sentido describir el concierto. Sólo una bola de ácido caída del cielo puede hacerlo. Todo lo que ocurrió en el Nasti Club la noche del miércoles emitía la fragancia de lo irrepetible. De lo auténtico y primario, cuando la emoción sustituye a la razón. Han pasado más de 30 años desde la publicación de Tago Mago, pero Damo Suzuki sigue fiel al espíritu que creó esa obra maestra. Las fronteras están para derribarlas. Los cánones deben ser destruidos en pos de la creatividad. Es complicado envejecer musicalmente con tales dogmas como guías. No para Damo.

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