8

Toy Story 3
Por:

oy por hoy, Pixar es la industria del entretenimiento más confiable en cuanto a la calidad de sus producciones y la más comprometida artísticamente en sus proyectos cinematográficos. Es lo que Disney fue alguna vez, en los tiempos revolucionarios de películas como Fantasía y Blanca Nieves, pero que lastimosamente no necesito decir en qué se convirtió dicha empresa desde hace un buen rato. Pixar va para todo lo contrario: mediante una política de libertad creativa y de darle el poder a los artistas, este estudio de animación ha convertido cada una de sus películas no sólo en hits mundiales, gracias en gran parte a su innovador abordaje de la animación por computadora, sino también en obras casi universalmente aclamadas por los críticos. Esta inusual racha, hasta ahora impecable, de aceptación de público y crítica, viene desde su primera película, la revolucionaria Toy Story, una película encantadora en todos los aspectos y que puso patas arriba a la industria de la animación con su impresionante puesta en escena totalmente por computadora.

Pero ha habido una constante evolución en las películas de Pixar desde entonces. Tanto la primera Toy Story como su brillante y superior secuela, pertenecen a una, si es posible llamarla como tal, “primera era”, donde si bien la impresionante calidad de las imágenes estuvieron siempre al servicio de una bien cuidada trama, estas no dejaban de ser películas para niños simplemente, y su impacto cinematográfico hacia los críticos y el público adulto recaía más que todo en el uso de una tecnología entonces novedosa. Hablo de las ya mencionadas historias de juguetes y de alguna otra como A Bug’s Life y quizás Monster’s Inc., esta última ya mostrando indicios de un mayor riesgo estilístico en cuanto al abordaje de trama y forma que se convertiría en norma para las películas siguientes.

La evolución lógica del estilo Pixar llegó a manos de directores más comprometidos como Andrew Stanton (Finding Nemo, Wall-E), Pete Docter (Monster’s Inc., Up) y gente de fuera como Brad Bird (The Incredibles, Ratatouille), que agregarían cada vez una mayor complejidad tanto estilística como dramática a sus películas, cualidad que pondría al sello Pixar en otro nivel y los separaría marcadamente de los esfuerzos (lamentables, la mayor parte de ocasiones) de estudios rivales como Dreamworks. Con una mayor riqueza y complejidad en el abordaje de las tramas, casi llegando al punto de usar la etiqueta de “películas para niños” como un mero camuflaje, las más recientes (y no por coincidencia las mejores) películas de Pixar parecen tan distintas a los esfuerzos tempranos de su primer director y líder, John Lasseter, cuyo estilo pareciera ahora no haber evolucionado de la misma forma que sus pares (la muestra es la última película que dirigió, Cars, un film que parece casi fuera de lugar en los tiempos en que hacían obras maestras como The Incredibleso Wall-E). No es de extrañar, pues, que para cerrar la trilogía de Toy Story, Lasseter decidiera supervisar el proyecto nada más desde la posición de productor (lo cual no es poco), dejando a cargo del guión a Michael Arndt y en dirección al co-director de las primeras dos, Lee Unkrich.



Toy Story 3 se estrena más de diez años después de su precuela más próxima y no sólo es el tiempo lo que la hace parecer tan distante de aquella. Hay en esta película una extraña incongruencia de situaciones y contextos en los personajes, que parecen incluso anacrónicos de acuerdo a como los habíamos visto. Incluso el humor, tan desenfadado en aquellas, aparece aquí de forma melancólica y, en el caso de algunos personajes nuevos, hasta forzado. Me refiero más puntualmente a los personajes de Ken y Barbie, que me saben más a colocación de producto que a una legítima integración en la historia. Barbie ya había hecho su debut con mucho más éxito en la serie en la segunda película, sin necesitar irse por caminos de forzada reivindicación como en esta.

En cualquier caso, son los personajes antiguos los que se roban la película y lo hacen, esta vez, en un ambiente tan extraño para ellos como para nosotros, pues su nueva aventura va más allá de ser sólo una locura surrealista de las que abundaban en las primeras películas y se convierte ahora en una auténtica lucha por su propia supervivencia. Si las secuencias de peligro antes tenían esa cualidad de burlesca parodia y cualquier amenaza era sólo otra forma de producir momentos de risas, aquí nos encontramos con momentos de gran intensidad y emotividad, sin los comentarios de turno para aligerar la escena y sin el guiño natural y necesario en una película de este tipo de que todo es una gran broma. Los muñecos se vuelven reales en más de una forma y somos obligados a sufrir legítimamente por ellos. Son los personajes de la primera era de Pixar lanzados sin misericordia a la cruel realidad del Pixar tardío, sin aviso previo para nadie, incluyendo a la audiencia.



Desde el mismísimo inicio se presiente ese tono elegíaco y crepuscular que pintará al resto de la película: los juguetes bocones, busca problemas y desenvueltos de otrora, arrancan la película en pleno estado de desesperación, tratando de recuperar algo hace años perdido y completamente al borde de un inminente cambio sin solución aparente para los que se aferran a un pasado irrecuperable. Para cuando llega el final, de cargadísima emoción (en Pixar saben muy bien qué fibras tocar y más aún con la ventaja del conocimiento progresivo que el público ha experimentado al crecer junto a las películas anteriores), se hace muy claro que con la excusa de una secuela, Pixar ha reinventado la premisa de Toy Story y la ha elevado a terrenos más serios de reflexión sobre la vida, sus cambios y decisiones e incluso sobre la propia mortalidad individual. Pese a que todo eso está sutilmente acomodado siempre en el marco de una película propia para un público infantil, está muy claro que es un film dirigido más a la audiencia que fue el público natural de la Toy Story uno en 1995, que a la audiencia nueva que se aproxima a la saga recientemente.

Tal es la diferencia de tono en esta secuela, que me atrevería a decir que no es una película que se pueda ver tan repetidamente como sus dos anteriores, las cuales son perfectamente disfrutables como cualquier serie infantil al encontrarlas en la tv. Me temo que ese tipo de  espontaneidad no es algo que se pueda hacer con Toy Story 3, cuyo desgaste emocional es demasiado extenuante como para adecuarse al contexto de la televisión casual. Es una película que exige y demanda atención desde el principio al final, como cualquier película seria y adulta lo requiere.

A pesar de todo esto, ¿Es una película apropiada para niños? Claro que sí, y lograr ese tipo de profundidad a la vez que es capaz de arrancar las carcajadas en el público chico, es un triunfo de Pixar que lo separa no sólo de su competición en el terreno de la animación, sino de la mayoría de producciones comerciales hoy en día.

Director: 
Lee Unkrich
Pais: 
Estados Unidos
Año: 
2010
Reparto: 
  • Tom Hanks
  • Tim Allen
  • Joan Cusack
  • Ned Beatty
  • Don Rickles
  • Michael Keaton

También en Spazz:

En la actualidad, estamos más allá de Newton. La gravedad no es una fuerza que jala a los cuerpos.
Un álbum épico, opresivo, progresivo y mastodóntico.
Chelsea Girl es una gran experiencia, nunca sabremos si es que Nico tenía razones en cuanto a si hubiera quedado mejor con otros arreglos, pero a la hora de hacer un consenso, Chelsea Girl es un tremendo disco, y sin exagerar uno de los mejores discos que ha hecho un Velvet.
Reescuchando Selling England By The Pound me doy cuenta de que no hay álbum que sea tan perfecto, tan grandioso
Etiquetas: 
¡Califica este artículo!
No votes yet