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Balada triste de trompeta
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Balada triste de trompeta: el regreso de la comedia negra española

Un crítico literario describió el estilo de Graham Greene como “una risa a la sombra de la horca”. Algo de ese fatalismo podemos ver en el último trabajo de Alex de la Iglesia. Original, simbólica, violenta, pasional…desde luego Balada triste de trompeta no es una cinta que deje indiferente a nadie. Bajo la forma de una comedia absurda de tintes gore, De la Iglesia ha rodado una imperfecta alegoría de la España guerracivilista, donde el espíritu de los dos bandos es representado por dos payasos, uno triste y el otro gracioso. Dos bufones que en principio encarnan lo opuesto el uno del otro y que finalmente resultan ser dos reversos de la misma moneda.

Este espíritu vengativo, este afán por destrozarse hasta la extenuación con el pretexto del amor hacia una mujer, es retratado en un film esperpéntico y absurdo, donde la comedia y el gore se dan la mano. Precisamente por esta tendencia a la exageración y a la brocha gorda, la película es un retrato fiel de la España más castiza y cainista. Aquella cuya existencia se confirmó en el 36 y que aún no ha olvidado esa fecha.

En el film se nos muestra una compañía de payasos reclutada en plena guerra. El payaso gracioso,  que cree que el amor de los niños es lo máximo, se dedica a hacer reír porque de lo contrario sería un asesino. El payaso triste, bajo su aparente serenidad, esconde una bomba de relojería en potencia. Y todo ello aliñado con apariciones de Franco, Carrero Blanco, escenas del NODO y un Valle de los Caídos utilizado como Monte Rushmore al más puro estilo Hitchcock. De la Iglesia coge todos estos elementos y articula una película notable, delirante, que en cada minuto corre el riesgo de desbarrar por la ambición de su autor de incluir tantas referencias y que no lo hace en la mayor parte de las ocasiones.

Balada triste de trompeta respira imaginación e inventiva. Un afán por rodar algo diferente bebiendo de distintas fuentes. Desde la excelente canción homónima de Raphael, pasando por un espíritu heredero de Tarantino y unos títulos de crédito fantásticos que mezclan a Arias Navarro con Rachel Welch. Todo conjugado con una estética que combina al mejor Tim Burton con la editorial Bruguera. Visualmente poderosa, creativamente impactante: el film está estudiado para sacudir al espectador en cada detalle que presenta.

Siempre he pensado que La vaquilla de Luis García Berlanga era la única película que había sido capaz de retratar el absurdo de la Guerra Civil, con todos sus matices y miserias, y sin decantarse por un bando u otro. Ya no está sola en el club. Armado de payasos maníacos, litros de sangre y escenas de tebeo, Alex de la Iglesia ha conseguido recuperar ese espíritu. El del esperpento y el cainismo de los hermanos que se matan a garrotazos. El de El Lute y Joselito. Balada triste de trompeta no es otra cosa que un retrato desgarrado de España que conmueve, te golpea y te salpica. Un lienzo grotesco, que por ello mismo es más real que ningún otro. Un grito lleno de esputos, virutas, heridas… y con una sonrisa torcida en la boca.

Director: 
Álex de La Iglesia
Pais: 
España
Año: 
2010

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