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The Girl With the Dragon Tattoo
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Estéticamente suprema. El color verde sublevado. Un thriller que se construye complejamente y con progresivo dramatismo de 5 actos.

Hay una exposición doble: las tramas diferenciales de Blomkvist y Lisbeth. Ambas, desde el inicio, son tragedias que esperan resolución. El conflicto, adyacente a estas dos tramas, se construye como un misterio, el cual, mientras se viene desencadenando, se vuelve cada vez más fascinante. Las resoluciones se alcanzan, pero con efectos distintos (la trama periodística de Blomkvist es regular por falta de vitalidad, aunque como exposición o preámbulo de la acción es adecuada).

Otros problemas que presenta la película están en el guión; específicamente en el twist, el clímax y en el dénouement o resolución. Lo que antes era fascinante ahora se vuelve decepcionante: el twist tiene el problema del cliché, el cliché de un psicópata ordinario e ilógico con la actuación clínica, sociable y relajada en frente de la acción (o mejor dicho predisposición) del asesinato. Podría haber sido un personaje y designación impresionista y filosóficamente potente, como el del asesino en Se7en (1995), pero terminó siendo contraproducente (¿adónde se fue el síntoma asesino basado en el levítico?).

El clímax también posee otro cliché: el de la salvación justa y en el tiempo exacto antes de la tragedia.

Un vuelco significativo en carácter del cine en general es el de la fabricación del personaje de Lisbeth; una anti-heroína bizarra, anti-social, extremista y perpetradora de venganzas brutales. No obstante, su personaje se glorifica en el conflicto del misterio y resolución de este (hasta soluciona la trama de Blomkvist).

Hay una secuencia que presenta un pathos de brutalidad: el de la venganza de Lisbeth. La secuencia más perdurable en la mentalidad del espectador. Debido a su psico-drama, su sentido del shock y el mythos de la justicia.

Después del primer dénouement, viene otro (!); un conflicto de espionaje perpetuado por la antes bizarra y anti-social Lisbeth que ahora se transforma (física y anímicamente), de manera payasesca, en una femme fatale persuasiva clásica. Esto se muestra en una calidad de montaje instaurado en forma justa e interesante, aunque peca de increíble debido a la transformación anteriormente mencionada y a la aparente “magia” con que se realiza.

En todo, es una película de 7 puntos (no es de lo mejor de Fincher), con excelentes escenas y una gran belleza cinematográfica, aun con sus problemas en el clímax y resolución del misterio principal.

Director: 
David Fincher
Pais: 
Estados Unidos
Año: 
2011
Reparto: 
  • Daniel Craig
  • Rooney Mara

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