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On the Rock
Andrés Calamaro
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Es cierto que podrían algunos decir que la carrera de Andrés Calamaro en los últimos años es errática y no acaba de convencer. Algunos acusan sus dos discos acústicos de aburidos, su El palacio de las flores como totalmente fallido y mal producido y su La lengua popular, predecesor a este disco de estudio (si no contamos el recopilatorio y boxset Andrés), como un intento desesperado de sonar a Calamaro de toda la vida. Cada cual tiene sus opiniones (a mí personalmente La lengua popular me encanta), pero lo que creo innegable es que aquí Andrés se ha sacado algo que puede subsanar todos esos errores anteriormente mencionados. Es un disco vivo y animado, al contrario que el lánguido El cantante o Tinta roja, está impecablemente producido, y junto con canciones que recuerdan al Calamaro más clásico, encontramos varias que representan algo nuevo en su carrera. En parte se debe a la colaboración de varios artistas, de distinta índole, que hacen de este un disco más fresco y variado, aunque quizá más indigesto para los puristas del rock.

On the rock arranca con "Barcos", quizá el mejor tema del disco. Cuenta con la colaboración de los músicos españoles Niño Josele (guitarrista flamenco) y Diego "El Cigala" (cantaor). Es una monumental composición que divaga sobre la fina línea entre el amor y la amistad, con algunas frases para el recuerdo, sobre una deliciosa base que mezcla flamenco y rock y ambos colaboradores dejándose el alma. Una de las mejores canciones de Andrés. El disco sigue con "Te extraño", otro tema atípico para Andrés: una canción romántica, con toques de jazz latino, que bien podría estar en el disco La marcha del golazo solitario de Los Fabulosos Cadillacs, y con la colaboración del rapero español Langui (del grupo La Excepción), que se lanza unos acelerados versos centrales que al principio descolocan, y luego enamoran.

"El pasodoble de los amigos ausentes" es una buena canción, que recuerda a "Días distintos" del disco El salmón, pero con una mejor producción. Quizá simplemente es una justa reescritura que aquel tema requería para explotar mejor su potencial. "Todos se van", melancólica balada más al estilo del Andrés clásico, no me gusta tanto, pero parece estar teniendo buena acogida. Por el contrario "Los divinos", primer single del disco, es una maravilla. Sin tener nada original, y pese a la tonta letra, melódicamente y a nivel de instrumentación y texturas es una completa maravilla. Un futuro himno en los conciertos. La cara A (porque soy así de guay y lo tengo en vinilo) cierra con la extraña "Flor de samurai", un tema bastante duro, que pueda parecer ramplón, pero que está coronado con un estribillo impresionantemente efectivo.

La cara B empieza con otra reminiscencia al jazz latino, una canción que a nivel musical es una joya. "Insoportablemente cruel", que cuenta con la colaboración de la banda portorriqueña Calle 13, no sólo rapeando, sino tocando ¡¡el theremin!!. Canciones así despejan cualquier duda sobre si Calamaro todavía tiene inspiración. "Tres Marías" es una cumbia muy marchosa y pegadiza, con un estribillo cantado por Vicentico, que recuerda a otros temas anteriores de Andrés, y sin destacar, en general va bien con el disco. La última colaboración es la de (poneos todos en pie) Enrique Bunbury, con quien se canta a dúo una muy humilde versión de "Te solté la rienda" de José Alfredo Jiménez. Lo cierto es que considero a la original una de las mejores canciones que he oído nunca, y quizá merecía una revisión más espectacular, pero lo cierto es que esta interpretación, tan sencilla y despojada, también tiene su encanto.

"Me envenenaste" es un tema que bien podría estar en los discos de Los Rodríguez. Puro rock and roll, con una letra sencilla pero con gancho y muy buena melodía. Sin importar que temas así no aporten mucha originalidad, creo que es un temazo. "Gomontonera" es otro tema muy duro, cuya letra no acabo de entender (demasiado argentina para mí), y cuya atmósfera opresora puede acabar haciéndose adictiva. Cerramos el disco con "El perro", un tema rápido y disparatado, con versos adorablemente idiotas ("Qué lástima Argentina, erás un bizcochuelo, ahora eres gelatina.") y que explota el lado más futbolero del rock rioplatense.

No sé qué más decir, creo que este disco es buenísimo, y que Calamaro está todavía lejos de agotarse. Y si tenemos en cuenta los años que lleva ahí, es bastante admirable. Un disco para los fanáticos de Calamaro, y para los que no acaben de encontrarle el punto y quieran escucharle en alguna faceta distinta.

Año: 
2010
País: 
Argentina

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