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Deadwing
Porcupine Tree
Por:

Recuerdo hará ya cuatro años cuando alguien me recomendó fervientemente escuchar a Porcupine Tree. En aquel momento yo andaba sumergido en un foro de metal, y la gente que lo recomendaba eran mayormente fans de Anathema y Opeth, bandas que si bien respeto enormemente, nunca me apasionaron. Un día, no sé por qué, me bajé este disco. Y digo no sé por qué, porque casi nadie lo tiene como uno de sus favoritos. La cosa es que este disco tan largo, y tan distinto a lo que suelo escuchar, acabó fascinándome, y sin tomarse demasiado tiempo.

Para aquel entonces la banda ya llevaba existiendo, liderada por Steven Wilson, durante más de 10 años, y había pasado por varias etapas: la más psicodélica, donde intentaban modernizar la herencia de los Pink Floyd más especiales; la más pop y ligera, encarnada por canciones como "Shesmovedon"; y finalmente, con el disco In absentia (2002), la introducción de ciertos elementos metaleros, producto de la nueva afición musical de Wilson. Aquí, esa incorporación de elementos metalizados se afianza, con más riffs pesados y menos melodías pop, dando lugar a un disco sublime.

El tema que menos me gusta es quizá el primero, "Deadwing", que no está para nada mal, e incorpora la colaboración de Mikael Akerfeldt (Opeth) y Adrian Belew (King Crimson). Quizá el problema es que no desplega suficientes ideas en sus nueve minutos, o que la melodía vocal me resulta no tan inspirada como de costumbre. Por el contrario, el genial solo de Belew, entre otras cosas, no aporta sino calidad.

De ahí en adelante, sólo encuentro joyas. Dos singles perfectos: "Shallow", un tema metalero directo con un riff memorable, y "Lazarus", una balada que si hubiera lanzado Coldplay o cualquier otra banda con promoción radiofónica, hubiera cautivado a todas y cada una de las personas del mundo. En "Halo"; tema ya clásico en los directos, con un riff y un estribillo geniales; podemos observar el truco no pocas veces repetido de alternar un riff en acústico con una versión metalizada del mismo. Algo nada original, pero que Wilson sabe utilizar con maestría.

La gran joya épica del disco es "Arriving Somewhere But Not Here", con sus más de 10 minutos. Una pieza que empieza realmente minimalista, con poco más que un simple arpegio, una melodía cálida y tranquila, un estribillo cristalino... que, como de costumbre, poco a poco va ganando en velocidad, sin volverse demasiado potente. Ahora bien, el mejor momento es el central, donde tras un breve momento de calma, la banda se avienta unos riffs metaleros infernales, breves y que pudieran parecer descolocados, pero que encajan a la perfección, antes de retomar el leitmotiv de la canción. No se hace larga para nada (como sí pudiera hacerse "Anesthetize", la "sucesora" de este tema) y deja con ganas de más.

Las dos siguientes canciones bajan un poco el nivel, pero no tanto. "Mellotron Scratch", pese a no ser tan memorable, es puro placer auditivo, realzando la verdadera GENIALIDAD de Wilson como productor. Y "Open Car", otro tema al que Wilson parece tener mucho aprecio de cara al directo, goza de unos riffs muy pegadizos. Ahora bien, la cosa vuelve a subir con las dos siguientes; en mi opinión, dos canciones increíbles: "The Start of Something Beautiful" es un tema melancólico (¡oh, sorpresa!) con algunas reminiscencias al progresivo más clásico y algunos versos muy buenos y potentes ("You thought it was the start of something beautiful. Well, think again."). Y como final, "Glass Arm Shattering", poco menos que la belleza hecha canción. Apenas tres acordes y una melodía que se repite una y otra vez, pero da lo mismo, todo parece flotar en suero, como la perfecta banda sonora para ver al mundo despedirse, llevándote como último recuerdo el techo de una habitación de hospital. Sublime.

Y esto es más o menos Deadwing. Una genial mezcla entre rock progresivo que puede hacer disfrutar a los que no se ven atraídos por los excesos del género, con un potente metal perfectamente destilado para agradar a quienes no toleran según qué ataques de distorsión. Un trabajo de laboratorio que al tiempo rezuma sentimiento, que puede hacerte levitar en una nube o ponerte a hacer headbanging rezando para que tu madre no abra la puerta de tu habitación y te vea hacer el idiota. Sé que no es un album generalmente tan bien considerado, ni siquiera entre los fans. Obviamente, me da igual. Yo soy mejor, y ellos, unos mierdas todos.

Año: 
2005
País: 
Inglaterra

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