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Into the Night
The Raveonettes
Por:

El tiempo avanza implacable. Apenas te das un respiro y ya se ha llevado la juventud y tus anhelos. A su comportamiento, con lo cruel que pueda llegar a parecer, al menos se le ha de reconocer que ataca sin distinciones. No discrimina. Pequeño detalle que no consuela cuando, de golpe, despiertas una mañana para caer en cuenta del lugar en el que has terminado, distinto a los planes que alguna vez tuviste, a los que ahora optas por dejar de lado, en gran medida por desilusión y cansancio. Sí, algunos combatientes optan por rendirse. Otros tantos, los menos, ofrecen resistencia, pelean contra el tiempo en una batalla valiente que apenas ofrece ligeras recompensas.

Tenemos ahí a The Raveonettes. Parece que fue ayer cuando surgieron. No hace mucho se les veía cobijados por la crítica como una de las grandes promesas de la llamada música alternativa. Con los ojos puestos sobre ellos por una seductora combinación entre sonido e imagen que en la veinteañera Sharin Foo hallaba su esplendor. El lanzamiento de unos cuantos álbumes hizo que, sumados a varios  EP’s, olvidáramos hasta hace poco un hecho aterrador: han pasado ya 10 años desde el lanzamiento de su primer sencillo.

Cuesta creerlo, sí, pero una vez librada la distracción, ya conscientes de lo que ha pasado, es posible encontrar la estrategia de guerra empleada por  The Raveonettes para que el paso de los años les afecte menos que a otros de sus colegas. Primero echar un vistazo a sus canciones que, aunque cada vez más elaboradas, siguen sonando frescas y actuales. Ni se han sometido a las ataduras en las que algunos caen con la madurez, ni se unen al patético club de bandas con canas que intentan sonar como veinteañeros. Por fortuna el dúo danés no se esfuerza en aparentar juventud: se atiene a dar vueltas a un estilo que les ha dado frutos. Pop inquieto, caramelos rasposos que son imposibles de resistir. Una liga que se estira sin dar todavía signos de agotamiento.

Lo que es más, su ya prolongada carrera es un mérito en sí mismo; pocas veces se ha visto que una banda noise o de shoegaze logre mantenerse a flote por tanto tiempo;  se tratan de géneros que en su estridencia tocan límites a los que cuesta alimentar sin caer en la repetición o el hartazgo. Sune Rose Wagner y Sharin Foo lo han conseguido, y lo que es más, a un nivel que, a pesar de los ligeros altibajos, sigue mostrándose como una propuesta destacada en un sector donde reina la forma y donde falta el contenido.

The Raveonettes recibe su décimo aniversario a todo vapor. La celebración incluye el lanzamiento de un nuevo álbum titulado Observator que se espera para finales de 2012 y el EP Into the Night que salió en el abril pasado. Las sensaciones no pueden ser mejores. Into the Night, que se percibe como preámbulo, entusiasma. Es un peldaño que sostiene un avance hacia un lugar que aún no conocemos por completo y que sigue revelándose con cada una de sus nuevas entregas.

En la parte musical no hay mayores rupturas, ahí sigue el jugueteo entre las melodías herederas del mejor pop de los sesenta y el vigor noise de los ochenta. Desde hace tiempo han superado las manidas comparaciones con The Jesus and Mary Chain. Pese a la clara influencia, en especial en sus inicios, finalmente han adquirido una personalidad demarcada gracias a que rebajan la espesura guitarrera con tal de obtener resultados menos ásperos. Recubren los bordes con finas capas de tela que permiten deleitarse con el filo sin dejar que lastime. La excepción es la estupenda “Too Close To Heartbreak”, con mayor tendencia punzante que las otras, con un recorrido  paralelo a una melodía vocal que parece sacada de uno de los primeros discos de The Beach Boys. El resto da muestra de una obscuridad que deja entrever su interior, idóneo para relucir letras sobre la decepción amorosa que se manifiesta con tal de no acabar hundida en el infierno del silencio. Un pequeño homenaje al dolor, a base de golpes de dulzura.



Aquí les ayuda la corta duración del material. Hay géneros a los que les va mejor la intensidad de la prueba de los 100 metros planos; perfectos para sencillos y EP’s, terrenos reducidos donde no cabe la vaguedad ni el relleno. Será difícil que su próximo LP mantenga el mismo pulso durante varios minutos. Habrá que esperar. Si llegan a hacerlo, se les tendrá que agregar otra medalla a las varias con las que ya cuentan. Por lo mientras queda seguir disfrutando estas cuatro canciones que casi demandan ser escuchadas de nuevo conforme llegan al final.

En efecto, el tiempo los respeta. Siguen lozanos. La música que se escucha sirve para conocer la edad mental de las personas. Algunos se estancan en la niñez, otros se aferran a los años de juventud, algunos más parecen conformes con la idea de terminar en un asilo. The Raveonettes se mueven. Puede decirse que mientras ellos suenan, nadie envejece. A celebrar.

Año: 
2012
País: 
Dinamarca

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