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Blues de la Frontera
Pata Negra
Por:

Seamos honestos: yo no sé una mierda sobre música andaluza en general. A mí lo que me gusta es el rock, y las cosas que suelen gustarme en lo relativo a la tradición andaluza, suelen ser a) notables excepciones b) relacionadas con el rock de alguna manera. No voy a aparentar, o mejor dicho, a tratar de aparentar lo contrario. Es por eso que me voy a excusar de antemano por las terribles barbaridades que voy a decir aquí. Y, ¿para qué me meto en esto, si yo mismo admito que no debería hablar? Muy fácil. Porque francamente, no tengo ni idea de cuales son los palos del flamenco, ni diferenciar el flamenco en sí, y a duras penas puedo diferenciar una interpretación de guitarra española clásica a una de guitarra flamenca. Muchas veces ni siquiera sé decir cuando algo es aflamencado o simplemente de influencias gitanas. Lo que sí se es que cada vez que me pongo este disco disfruto a lo bestia, y me gustaría ser capaz de, al menos, intentar plasmarlo en estas líneas y conseguir que tú hagas un esfuerzo por escucharlo y te guste tanto como a mí. Y a fin de cuentas, ¿eso no es nuestra principal motivación para hablar de música?

"Blues de la frontera", cuarto disco de Pata Negra, huye de la pomposidad del debut homónimo del grupo. Ahora bien, si bien su predecesor, "Guitarras callejeras", era muy aústero (dos guitarras españolas y voz), aquí nos rodeamos de una notable banda, y guitarras acústicas y eléctricas interpretadas por los hermanos Amador con gran talento se fusionan con acertadas líneas de bajo y batería que condimentan esta fantástica colección de canciones.

¿Qué es lo más importante para decir sobre esta disco? Para mí, sin duda, es su apabullante personalidad. Aquí Pata Negra se termina de destapar como una entidad creativa propia, como un universo con sus propias reglas e indiosincrasia. Por ejemplo, en el primer disco podíamos encontrar "Blues de los niños", que voz y letra aparte, era un tema muy corriente (y muy bueno). Aquí no pasa nada de eso. Aquí encontramos una obra que nadie más en el mundo podría parecer haber sido capaz de hacer. Cuando escuchas esto, tienes la sensación de que nadie más en el mundo podría ser capaz de dotar de este sabor blues a unas composiciones que quizá no pasarían de la típica rumbita calorra. Porque ellos, en su día a día, podían escuchar la sevillana "Pasa la vida" del grupo Albahaca. Pero obviamente, ellos estaban en otra onda, y si querían reinterpretarla, tenían que hacerlo a lo Pata Negra. De que estos temas blues tiene un regusto propio, que cuando los escuchas te encuentras a ti mismo, caminando por las cantinas de cualquier barrio humilde de Sevilla, bebiendo vino y jugando al dominó, y eso es algo que ninguno de esos negros con sombrero que suelen figurar en las colecciones de padres del blues te puede ofrecer. De que lo que este disco te da no te lo puede dar ningún otro en el mundo. En resumen: puedes decir que no te hace falta escuchar a Wolfmother si ya tienes a Black Sabbath, pero si intentas decir eso mismo de Pata negra te verás obligado a dejar la frase a medias.

 




Tomemos por ejemplo, un tema al azar. Bueno, no es al azar, de hecho es mi favorito: "Camarón". Empieza con un punteo de guitarra eléctrica blues impecable, pero el acompañamiento, con esa guitarra española y esas palmas hacen que para nada estemos hablando de un tema ordinario. Y tras esa estrofa, tan andaluza, y ese estribillo tan folclórico, la guitarra eléctrica vuelve, y se arroja un solo impresionante, y aparece un órgano hammond muy muy en segundo plano, como si la banda hubiera decidido reservarlo para los verdaderos fans, aquellos que van a escuchar la canción mil veces y fijarse en todos los detalles, y aparece esa estrofa intermedia, arropada por el órgano, y suena casi incluso psicodélico, antes de retomar el tema principal de la canción, que concluse mientras su irresistible estribillo se desvanece. No es un himno generacional, no es un clásico de la radio. Pero es algo increíblemente especial. Cuando lo escuchas, sientes que se te mueve algo dentro, que aunque no tengas ninguna razón para identificarte con el mundo descrito en el tema, lo haces.

Pero eso no es todo. Un ejemplo muy distinto sería la propia "Blues de la frontera", un tema instrumental que habla prácticamente solo por lo que el legado de esta banda ha sido es y será. Un duelo de guitarra eléctrica y española que hace perfecto honor al tema de la canción. Es un blues de la frontera, de la frontera entre lo cool estadounidense y lo barriobajero español. La frontera que separa al rockstar drogadicto que se inyecta heroína con glamour y el indigente de cualquier arrabal de ciudad grande española, que desesperadamente busca un poco más de droga para olvidar su realidad. Una canción donde dos mundos se tocan, se besan y se hacen salvajemente el amor.

Y podría seguir así con cada canción. Una pequeña viñeta del mundo de los hermanos Amador. Cuando grabron "Veneno", no eran más que unos post-adolescentes gitanos sin recursos, pero llenos de ganas de comerse el mundo. Su falta de experiencia se sustituía con ilusión, con vida, con amor a cada una de las notas que volcaban. Diez años después, con más presupuesto, con menos riesgo, con una imagen ya labrada, se sacan un disco que no podría considerarse sino la única evolución natural y lógica. Si bien es menos espontáneo, es más rico en matices, más planeado, y todo funciona en perfecta armonía.

Qué sentido tiene, incluso, seguir hablando del disco tema por tema. Por una vez, me gustaría permitir al oyente descubrir qué se esconde detrás de cada una, y reproducir la expresión de asombro que tuve por primera vez que escuché esa deliciosa bizarra que es "Lunático".

Año: 
1987
País: 
España
Canciones: 

Bodas de sangre
Blues de la frontera
Pasa la vida
Yo me quedo en Sevilla
How high the moon
Camarón
Calle Betis
Lindo gatito
Lunático

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