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m b v
My Bloody Valentine
Por:

 

Ser un genio tiene sus privilegios. Kevin Shields lo sabe. Entre Loveless (1991) y lanzamiento de m b v (2013) pasaron 22 años. En el intermedio estuvo involucrado en algunos proyectos de bajo perfil, sobre todo en el terreno de los remixes. Colaboró con The Go Team!, Yo La Tengo y Dinosaur Jr. Su proyecto artístico de mayor notoriedad fue su trabajo en la banda sonora de Lost in Translation (2003) de Sofia Coppola donde deslumbró con esa pequeña maravilla llamada “City Girl”. Fuera de eso, poco. Pero aun así el tipo se las arregló para mantener el status de gurú instrumental. Loveless es uno de esos contados álbumes de la música contemporánea que logró cimbrar para siempre un género y una forma de entender la forma música de nuestros tiempos. La producción fue tan lenta y costosa que casi lleva a la quiebra a Creation Records.  Sin embargo el resultado fue tan grande que gracias a él pudo seguir la filosofía de aquel viejo refrán: cría fama y échate a dormir

My Bloody Valentine jamás fue una banda de excesiva popularidad. En cambio tuvo algo más complicado de conseguir: fueron una agrupación respetada. Con tremendo logro profesional, vino una doble consecuencia. De un lado, el acceso al olimpo de las creaciones.  Y por el otro, la llegada de unas expectativas que asfixiarían su futuro.

Loveless fue una obra maestra que estuvo cerca de acabar con la banda que la engendró. Así de peligrosa puede ser la perfección. Una carga pesada que castiga a quienes tienen que llevar encima.

La buena noticia que es que Kevin Shields no se rindió, por mucho que a veces tuviera obstáculos en el camino. A diferencia de ese otro anacoreta de la música pop llamado Mark Hollis, en Shields se mantuvo una espina clavada que lo impulsó a dar respuesta a ese pasado de apariencia invencible que le pisaba los talones a cada respiro.

Ya en 2012 la banda había prometido que lanzarían nuevo material antes de que finalizara el año. Cuando la promesa no se cumplió, llegaron los temores. Ya en anteriores ocasiones (a finales de los años noventa y en 2007) habían defraudado con la promesa de un disco que nunca llegó. Las alarmas se encendieron: la elevada autocrítica  de Shields, así como su perfeccionismo, eran capaces de todo, así se tratara de tirar horas de trabajo a la basura.


Por fortuna en febrero de 2013 llegó  por fin el anuncio de que m b v se podría escuchar a través de su página oficial. También se dio a conocer la portada de color azulado.

El servidor de la página oficial del grupo colapsó el día del estreno. Miles de admiradores de todo el mundo se reunieron en torno a un momento de ensueño. Era un acontecimiento que sobrepasaba a la música. El lanzamiento de un nuevo álbum de My Bloody Valentine es  un suceso que se experimenta pocas veces en la vida. Un pequeño cometa al que hay que presenciar por la incertidumbre de saber que quizás sea algo que no se pueda volver a ver.

De igual forma,  en los comentarios de los fans se respiraba ese temor que acaso rondó por la mente de Kevin Shields durante un largo tiempo. ¿Y si ya no son tan buenos? ¿Y si el nuevo disco resulta un fiasco que tira por la borda la leyenda impoluta de la agrupación? ¿Y si hubiera sido mejor tirar a la segura y no lanzar nada para mantener así el estatus de culto?

El antídoto para esas dudas se llama “She Found Now”, el tema de apertura de m b v.  No es un inicio mastodóntico a la “Only Shallow”. Por el contrario, se trata de un tema contemplativo que se encarga de calmar las aguas. Busca cumplir con la función de echar por la borda cualquier prejuicio para poner en sintonía con lo que se vive  en el ahora. Aun así resulta difícil separar esa atmósfera del recuerdo latente de Loveless. A ratos podría pensarse que se trata de un eco perdido que salió de “Sometimes”. La explicación podría estar en esa mística de atemporalidad que ambos trabajos comparten. Los dos últimos álbumes de My Bloody Valentine no suenan ni a viejo ni a nuevo. Juegan en una categoría aparte que ayudará a mantenerlos vigentes por mucho tiempo.

“Only Tomorrow” por su parte, tiene la vena pop que de manera tradicional se debate  con la estridencia de la banda. La guitarra de Kevin Shields suena tan ajustada como siempre. Decenas de agrupaciones han intentado imitar el sonido shoegaze de su figura, pero ninguna ha logrado trazar los bellos pasajes auditivos que se encuentran en piezas como “Who Sees You”. No solo se trata de hacer ruido y combinarlo con melodías acarameladas. En My Bloody Valentine están méritos agregados: la refinación, el gusto, el instinto. Lo que hay son remolinos donde van incluidos los méritos  de saber cuándo aparecer y cuándo contener. Así, la tensión inicial termina por convertirse en regocijo. Conforme transcurren los temas la incertidumbre se borra. Estamos ante un material de altura que no compromete la categoría del grupo.

Bilinda Butcher destila clase con una voz que, sin tener los atributos que se suelen asociar a las buenas cantantes (esas que deslumbran a nuestras tías cuando entonan “I Will Always Love You” y “My Heart Will Go On”), tiene aquello que casa de manera perfecta con el estilo de las guitarras que le ofrecen como soporte.

Otros temas destacables son “New You”, que podría ser un sencillo sin ningún problema; “If I Am”, una impulsora de sensaciones inéditas e “In Another Way” que planea por los aires sin contemplar el número de vueltas.

El álbum baja de nivel en el último tercio y puede llegar a parecer demasiado corto. Nuevamente Kevin Shields se va con la suya: deja con ganas de más. No porque no ofrezca un producto valioso, sino porque sus creaciones son tan grandes que uno quisiera más y más. Él sabe bien que la satisfacción es la muerte del deseo, y  acaso por ello deja en sus admiradores un espacio de apetito para mantener su atención. De lo bueno poco, ya se sabe. E igual que  como pasó con Lovelessm b v tiene un gancho lo suficientemente grande para obligar a los  escuchas a esperar, con plena ansia, la siguiente producción que venga, así se tengan que esperar otros 22 años.

Año: 
2013
País: 
Irlanda

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