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Nó na orelha
Criolo
Por:

En 2006 y a sus 31 años de edad, el rapero paulistano (que es el gentilicio de São Paulo) Criolo Doido debutaría con su disco Anda há tempo, un simpático disco de rap al uso, agradable en su música pero excesivamente convencional en todos los aspectos (sin contar sus letras, la cuáles no entiendo por no saber yo portugués). Y si se tomó sus años para debutar discográficamente, no se daría demasiado prisa en lanzar un segundo LP, ya bajo el nombre de, simplemente, Criolo: Nó na orelha llegaría en 2011 y lo cambiaría todo. Al igual que sucedió a Genesis con su Trespass o a Los Fabulosos Cadillacs con su Rey Azúcar, na orelha es uno de esos discos que marcan un antes y un después en la obra del artista, un disco de esos tras los cuáles lo hecho anteriormente queda atrás y lo que viene a partir de entonces es, simplemente, otra cosa.

Qué habrá hecho este hombre en esos cinco años, es algo que ignoro, pero que un disco así salga de la nada escapa a mi entendimiento. Es uno de esos discos tan geniales en cada uno de sus aspectos que no pueden entenderse sino como la culminación de una larga y épica evolución. A lo largo de las diez canciones que pueblan Nó na orelha la avalancha de estilos, de atmósferas, de texturas y, por encima de todo, de melodías y ritmos geniales no da respiro. Cada vez que lo escucho me siento abrumado por su perfección. De la misma manera que músicos como Chico Buarque o Caetano Veloso emperazon en su momento con música popular sin demasiado riesgo para poco a poco ir incorporando influencias hasta hacer de sus obras un mundo en el que uno puede bucear, Criolo parte desde el rap y la música urbana brasileña para ir tomando un poco de afro-beat por aquí (Fela Kuti está presente en una canción como "Bogotá"), de canción romántica (como bien atestigua "Freguês de meia-noite"), de trip-hop (representada por la desoladora "Não existe amor em SP") o de reggae ("Samba sambei") entre otros.

Todas las canciones son geniales y a todas se acaba recurriendo de manera específica en algún momento u otro, así que no hay razones para destacar ninguna por encima de las demás, pero aún así me gustaría mencionar cuáles son, por las razones que sean, las que más me gustan. En primer lugar, la pegadiza "Subirusdoistiozin", que con una melodía de cuatro notas construye algo tan genial y al mismo tiempo tan sencillo que uno pasaría un mal rato a la hora de justificar por qué le parece una joya, pero al mismo tiempo se daría de puñetazos con quien osara negarlo. El cierre con "Linha de frente", que apela al movimiento MPB, con una instrumentación añeja escogida con maravilloso gusto y al servicio de una melodía digna de Chico Buarque en su mejor momento. También me veo obligado a mencionar cosas como "Lion Man" o "Grajauex", temas rap en su sentido más clásico que no tienen la originalidad de otras piezas del álbum pero que no hacen que el conjunto pierda calidad. Si en los últimos meses he aprendido a disfrutar de artistas como Nas o A Tribe Called Quest, creo que se lo debo en gran parte a canciones como esta.

Pero lo que hace de Nó na orelha una experiencia es precisamente eso, que no se trata de una mera colección de canciones para que las disfrutemos, sino de algo que uno puede experimentar, de un microecosistema en el que cada especie es al mismo tiempo distinta a las demás pero totalmente complementaria a la hora de mantener el equilibrio. Hablamos de música que te cambia, que reclama su lugar en tu vida por derecho de conquista, que te hace revivir antiguas sensaciones, aquellas de cuando eras un adolescente célibe con amago de barba o tetas y cada artista nuevo que descubrías era un shock y que según fue pasando el tiempo y fuiste conociendo más música se hacían cada vez menos frecuentes.

Año: 
2011
País: 
Brasil
Canciones: 

1- Bogotá
2- Subirusdoistiozin
3- Não existe amor em SP
4- Mariô
5- Freguês da meia-noite
6- Grajauex
7- Samba sambei
8- Sucrilhos
9- Lion Man
10- Linha de frente

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