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Arthur (Or The Decline And Fall Of The British Empire)
The Kinks
Por:
  1.  “Victoria
  2. “Yes Sir No Sir”
  3. Some Mother's Son
  4. Drivin'
  5. Brainwashed
  6. Australia
  7. Shangri La
  8. Mr. Churchill Says
  9. She's Bought A Hat Like Princess Marina
  10. Young And Innocent Days
  11. “Nothing To Say”
  12. Arthur

Mejor Canción: “Shangri-La”

Letra Memorable: “Now that you´ve found your paradise; this is your kingdom to command”

 

Arthur (Or The Decline And Fall Of The British Empire) (1969) es un álbum potente y grandioso. Lírico, diverso y armonioso.

Este álbum conceptual de Rock y clasicismo presenta una sucesión de brillantes composiciones; desplegando una grandiosidad cúlmine en cuanto a melodismo, armonía y lirismo. Ray Davies ya había alcanzado su pico compositivo en el perfecto The Village Green Preservation Society (1968) pero aquí sigue su labor con gran índole.

Encontramos a los Kinks más complejos; con temas que varían su semántica y hasta el ritmo armónico (“Shangri-La” o “Mr. Churchill Says”) de forma sorprendente. Los motivos musicales, en Arthur, nos muestran emblemas melodiosos, voces y revoluciones instrumentales; todas potentes y bellas (el coro de “Victoria”; el crescendo de “Some Mother’s Son; la perfección vocal en “Drivin’” y “Arthur”; el estribillo de “Shangri-La”; el riff de guitarra de la segunda parte de “Mr. Churchill Says” y mucho más…)

Las letras de Ray Davies alcanzan su pico lírico; su amalgama de álbum conceptual y ópera Rock contiene varios de los versos más evocativos, tragicómicos, irónicos y cínicos. También es una representación narrativa de Arthur, quien experimenta una variedad de problemas fundamentales acerca de la existencia, el materialismo, la enajenación social y la política injusta.

“Victoria” es un “brit-rocker” antémico, sagaz y pomposo. Comienza como un folk bluesero sincopado y frenético para dar lugar al riff que precede la melodía, la cual sube y baja con carácter. Lo mejor, sin embargo, es el grandioso estribillo que estira la frase titular de forma diáfana con armonías vocales épicas; conformando un emblema cadencioso. El tema sorprende con un cambio armónico y reducción de velocidad en el puente de “Land of Hope and Gloria” que asciende con agudeza para exaltar una cúspide melódica. Esta cúspide es adornada con trompetas para adicionar color y un efecto heroico. La letra es un compendio sarcástico a los valores morales de Gran Bretaña en la era victoriana. Gran Bretaña se vanagloriaba, pero, bajo esa soberbia, había un conservadorismo recalcitrante y opresor.

“Yes Sir, No Sir” es un tema sardónico. Su índice melódico se basa en cambios rítmicos. Comienza con un énfasis tonal (“Yes sir, no sir”) que asciende en agudeza para terminar con unas síncopas desequilibrantes (“What do I say”). Luego viene la personificación irónica de la disciplina militar con unas elocuentes frases. El misterio aparece en el puente con unos acordes menores de guitarra acústica, el cual, no obstante, no termina proyectándose con una cadencia atrayente. La letra es una personificación teatral del acondicionamiento militar a tener una falta de voluntad propia por una voluntad colectiva inventada (“Permission to speak Sir. Permission to breathe Sir”). El déspota es interpretado y se dirige en segunda persona, directo a nosotros (“pack up your ambition in your old kit bag”).

“Some Mother Son” es una misa barroca épica, hermosa, lacrimosa y funeraria. Comienza con un tono bajo que establece solemnidad. La cadencia de “Someone has killed some mother’s son today” es una preciosa subida de tono que termina con unas síncopas armónicas sutiles. El tema sube y sube en tonalidad para instaurar una fuerza sublime donde Ray Davies se libera vocalmente hasta llegar al puente (“Somewhere…”), donde unas notas prolongadas crean un desasosiego. La letra posee un lirismo representativo de la tragedia de la guerra con un efecto desconcertante de desdicha fúnebre. Se podría ver como la muerte de Arthur, pero esto podría colocar al tema titular como una despedida del curso de Arthur hacia el cielo.

“Drivin’” es un foxtrot británico exquisito, estupendo y cautivador. Con un “shuffle” vocal de Dave Davies bien prominente. La intro es un solo vocal de Dave Davies que entona con estacatos apolíneos una imitación del puente principal. Luego se postra un misterio con “It seems like all the world is fighting”. Comienza con solemnidad pero en la segunda parte se pone más ferviente hasta estallar en el maravilloso estribillo que prolonga el título en un melisma impetuoso. El puente principal es la misma de los estacatos de Dave del inicio, además de adicionar unos zumbidos cristalinos en falsete del mismo Dave; creando un enigma por su acorde menor. La canción así pasa: jugando con sus tres motivos bien establecidos. La letra enuncia un método de escape a las vicisitudes de la existencia (incluso describiendo un escenario apocalíptico con la guerra y la política cruel).

“Brainwashed” es un tema proto-punk verdaderamente furibundo, exaltado y vertiginoso. Comienza con un shuffle de blues misterioso, y, entonces, entra la batería con unos redobles desequilibrantes y unas trompetas pomposas que dan lugar a la melodía vertiginosa de Ray Davies; es un tipo de movimiento circular descendente realmente original. El emblema es “get down on your knees”, el cual es ejecutado con armonías vocales más agudas y de forma más prolongada. Como puente, los trompetistas resuenan con grandilocuencia y color, y, luego, Dave Davies interpreta un riff sanguinario de guitarra barítona. Seguro que impresionará al oyente. La segunda parte es un enigma de acordes oscuros (siempre con el ritmo bien ajustado), el cual es instaurado por una línea de guitarra distorsionada simple pero ostentosa. Esto dicta el principal groove, donde Ray canta recóndito y perverso sobre “The aristocrats and bureaucrats are dirty rats for making you what you are” mientras que las trompetas tocan dos estacatos bien afilados. La letra es un verdadero tour de force contra el estándar de vida moderno; considerado una obra maléfica de los aristócratas y burócratas. Ray Davies se burla de nosotros directa e impunemente.

“Australia” es otra bomba pop de cualidades extáticas, potentes y cadenciosas. La intro es un recital rápido y elocuente que promociona a Australia como paraíso. Cuando entra el ritmo armónico se da un cambio interesante: la aparición de un acorde menor que indica misterio y sensualidad marcado por una misa deleitable de “Australiiiia”. El tema, para resumirlo, es un despliegue magnánimo de melodías ultra-pegadizas; como los “cha, lala” con quiebre rítmico que revolucionan todo, o la maravillosa frase cómica y aguda de “Nobody has to be…”. ¿O, que tal la parodia a los Beach Boys a partir de “We’ll surf…”? Las armonías vocales son sorprendentes. Todo es como una suite progresiva de proverbios melódicos! Luego se deviene el fausto e infausto jam progresivo psicodélico que llega a terrenos del modernismo. Es todo un tour de force impredecible con varios tipos de frases y motivos. La letra presenta a Australia como colonia británica soñada donde no hay diferencias de clases; demasiado utópico, diría yo.

“Shangri-La” es uno de los mejores temas de la historia. Es una fantasía influyente, dramática, ceremonial y atemporal. Es hermosa y poderosa al mismo tiempo. Esto está ayudado bastante por su variedad rítmica/armónica que logra ser increíblemente fluida y lógica. Inicia como un nocturno reflexivo marcado por unos arpegios clásicos de guitarra que comienza con un misterio aprisionado “now that you’ve found your paradise”; luego sube en tonalidad (“this is your kingdom”) para terminar replegándose de forma grave “in your Shangri-la” con la misma solemnidad aprisionada con la que comenzó. El arreglo de corno acompasa la armonía agregando un aire ceremonial. El puente es una descendencia cromática enfática que desciende con un embelesamiento tremendo. El clavicordio deslumbra aquí. Y, entonces, al finalizar el puente, entra el conjunto musical completo con el cántico que da título a la canción en una unión impactante. Luego de un regreso a este ciclo, en un momento sobrecogedor, se dan dos golpes acústicos, la batería retumba y el ritmo se acelera repentinamente en un groove enorme. Ray Davies libera todo su lirismo en una vocalización excepcional mientras que los bronces van introduciéndose con masa y conmoción. Luego se regresa a la segunda melodía; esta vez con mayor fuerza vocal y con un sentido operático devastador. Todo para exterminarse con el estribillo de “Shangri-La” en un clímax apoteósico. La letra ha sido descrita por Dave Davies como una pintura de Shangri-La, la casa de Arthur, la cual parece un paraíso al inicio; pero mientras escuchamos más, nos damos cuenta que todo era descrito sarcásticamente, porque en realidad Shangri-La es como una prisión (“You can't go anywhere”). Sí, es una pintura sarcástica que se aplica perfectamente a los anhelos materialistas y a la clase social acomodada; hay un vacío espiritual detrás de todas las posesiones; del supuesto paraíso terrenal (“This is your kingdom to command”). La utopía no existe. Ray Davies, en pocos versos nos describe a Arthur como un trabajador que ascendió económicamente para conseguir su Shangri-La (“Gone all the days when you dreamed of that car”).

“You've reached your top and you just can't get any higher”. Esto es lo  más alto que ha llegado Arthur… ¿le espera una gran caída psicológica?

“Mr. Churchill Says” es una fantasía progresiva, épica, imponente y formidable. Está dividida por dos partes bien diferenciales: una balada inusual pero ingeniosa con ritmo quebrado y un desenfreno heroico de hard-rock eminente. Inicia con la voz de Ray Davies quien recita su melodía volátil pero cadenciosa. La tensión se maximiza con el segundo puente siendo mantenido por unos ululares vocales que descienden de tono mientras Davies se libera con sus líneas irónicas (“Never in the field of human conflict was so much owed to so few”). Entonces… alarma… una sirena apocalíptica resuena en el espacio sonoro y aparece un shuffle brillante de guitarra con efecto de crunch. Son tres acordes que son martilleados de forma preponderante. Una total revolución semántica a lo que venía siendo el tema (pero que venía siendo anunciado sutilmente). En un momento estos acordes estallan junto con el ritmo armónico bien afilado (escuchar esas líneas virtuosas de guitarra barítona de fondo como turbulencia rítmica). Lo genial es que Ray Davies escribió melodías para esta parte: “there’s a plane flying overhead” siendo un emblema; el cual se satura musicalmente hasta llegar a un falsete glorioso en la palabra “free”, la cual es extendida maravillosamente. Luego de este puente Dave Davies se exime con un solo arabesco bien aplacado; Dave recorre todo el mástil de su guitarra con una sublime armoniosidad. Para finalizar el discurso, Ray crea un himno de rap rítmico y siniestro sobre el final de la guerra. El tema termina en un fade-out del hard-rock beligerante, enunciando el fin del mundo. La letra representa la abstracción por la guerra imperial anunciada en “Drivin’”; cerrando el ciclo de patriotismo exacerbado del Imperio Británico. Las autoridades políticas persuaden con sus discursos que justifican a la guerra como medio para alcanzar la libertad. La autoridad declara: “keep right on till the end of the war”; esto luego de la destrucción.

 “She's Bought A Hat Like Princess Marina” es otro de esos temas de sistema bipartito; consta de dos partes diferenciales. Comienza como un music-hall sosegado y risueño; luego se vuelve un ragtime efusivo y pomposo. Es un tema sardónico y satírico. El clavicordio la vuelve barroca con su movimiento pendular embellecido. Ray Davies interpreta una melodía saltarina que crea expectativa en todos sus versos con su entonación interesante; es entre taciturna y burlesca. El tema se acelera y comienza el punteo desenfrenado de ambos teclados y la aparición de una hilarante pitoreta que imita la fanfarria vocal; luego el tema se vuelve un hard-rock prominente (!). La letra es una oda tragicómica a una ama de casa que se deja llevar por el materialismo y una moda costosa, a pesar de su irónica y precaria situación económica. La segunda estrofa es otra oda, pero a Arthur, quien hace lo mismo pero que termina resignándose a lo que puede obtener (“But he can’t afford a Rolls or a Bentley; he has to buy a secondhand ford”). La tercera estrofa muestra el apocalipsis de la familia, sin embargo,  extrañamente, esto no la agravia moralmente debido a la moda del sombrero de la Princesa Marina; un símbolo nimio de un estatus inventado. Es la caída física y espiritual de Arthur.

“Young And Innocent Days” es una balada barroca, dulce pero apesadumbrada, nostálgica y hermosa. Transmite depresión y la ya mencionada nostalgia. Las armonías vocales de dos partes son un conjunto celestial; principalmente en el estribillo extático. Es un sistema de notas insistentes (“I look back”) con canto llano de Ray que se desarrolla con un movimiento rápido (“at the way I used to look at life”); entonces aparece el estribillo de “Young And Innocent Days” que prolonga unos tonos en una misa coral; embelesando el esquema dramático. El solo instrumental es un diáfano canon con imitaciones contrapuntuales de un clavicordio. La letra es una oda a los días pasados y perdidos en una etapa de inocencia. Arthur contempla su pasado después de su reflexión en “Shangri La”. "I see the lines that cross your face"… Arthur ha envejecido.

“Nothing To Say” es un rocker a tiempo medio; es animado y tragicómico. Está basado en unas síncopas gobernadas más que todo por el título de la canción como pseudo-estribillo. La melodía vocal es una fanfarria con tonos enfáticos; genera cadencia pero me parece muy repetitiva. Lo más interesante son las armonías agudas de Dave Davies principalmente con el coro de “Nothing tos say!”. Otra parte interesante es el puente con un cambio semántico de acordes menores que le adhieren un drama y misterio conmensurado. La letra es irónicamente depresiva; muestra la relación de padre e hijo totalmente derruida por la falta de comunicación.

“Arthur” es un himno country emblemático, excelso y sagaz. Posee de las mejores melodías del disco. Anunciada con esa intro virtuosa de guitarra. La melodía es una total extravagancia y singularidad con su movimiento cíclico y con notas enfáticas (“in a plain simple working class position”). Mientras avanza la melodía sube en intensidad hasta la agudeza embelesada de Dave Davies; lo mejor es esa fanfarria proverbial de “Don’t you know it” del coro, el cual se calca en la psicofonía del oyente con fortaleza. Las repeticiones de ese motivo no aburren sino que transmiten vehemencia. También hay varias sorpresas por ahí metidas como el falsete de Ray de la misma frase proverbial. El fade-out desprende un aura de ritual que nunca termina. La música nunca termina. La letra es una reivindicación emocional del personaje de Arthur; Ray Davies, después de satirizarlo, se fraterniza con él; contando su historia de proletario que asciende pero que pierde su felicidad al ver el vacío materialista (“long lost land of Hallellujah”). Ray también influye en él psicológicamente para que acepte la vida, aun con todo el sufrimiento y vacío espiritual. Un final del álbum que es puro júbilo; irónico, pero júbilo al fin.

Año: 
1969
País: 
Inglaterra

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A pesar de todo ello, su único álbum en directo oficial, se aprecia insuficiente viéndolo de lejos. Con todo y las pulidas interpretaciones musicales, hay una sensación de falta durante toda su duración.
Mi opinión es clara: Estamos frente a un disco con grandes canciones y grandes agüeros traducidos a temas que no sabemos para qué están. No por ser el trabajo más largo de Bowie tiende a aburrir al oyente.
Vanishing Point es sangre, sudor, sexo, drogas… Vanishing Point es vida
La atmósfera conseguida por el álbum es soberbia, despersonalizada pero orgánica, mugrienta de departamento de marginales drogones
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