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Romantisísmico
Babasónicos
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Muy poca gente se percata que Babasónicos es una banda que lleva 22 años tocando. Recientemente Diego Tuñón señalaba que tiene 45 años y que el rock actualmente no es algo exclusivo de la juventud como alguna vez se pensó, pues esa otrora juventud tiene 40, 55 o hasta 70 años como los Stones. No hay edad para el rock, qué duda cabe, y creo Babasónicos lo está demostrando cabalmente. No sólo porque siguen activos sino que también porque marcan una diferencia considerable con sus generaciones precedentes (las generaciones que empezaron a hacer música en los 70, en los 80,): esto pasa porque siguen haciendo realmente música y no se han vuelto unos dinosaurios, es decir, no han jugado con su nombre como si fueran leyenda viva, cuestión que podrían perfectamente hacer. Tampoco han privilegiado sus intereses personales, Dargelos podría desde al menos cinco años atrás hacer una carrera solista que quizás tendría varios créditos. Esto quiere decir en otras palabras que los egos (el peor vicio de las bandas de rock) no han roto el proyecto colectivo que asumen. Es muy raro que una banda lleve tanto tiempo junta, sólo la muerte quebró esa unidad de Babasónicos (la muerte de Gabriel Minelli), sin embargo lo fatal de la muerte de Gabo les sirvió para reinventarse. Ya se vio en A Propósito (2011) como el trabajo de Carca convertido de bajista a un multi-instrumentista y el ingreso de Tuta Torres al bajo le dio una base rítmica que la banda no tenía. Eso que se vio en los shows de presentación de ese disco se está reflejando con creces en Romantisísmico. No sólo se ha reinventado Babasónicos en ese sentido, también pareciera que las canciones desde las letras de Adrián hasta los arreglos de Tuñón y las guitarras de Roger y Uma, y el estilo aceitado de Panza parecieran ir por senderos que en tres o cuatro discos atrás no existían.

Repito que es extraño que una banda pueda ser tan consistente en veinte años (¡y con los mismos integrantes!). Muchos dirán que sus clásicos de los 90 nunca lo fueron del todo, de hecho no lo son, pues cuando Babasónicos se saca en un concierto un tema de la talla de “Seis Vírgenes Descalzas, “Viva Satana!”, “Patinador Sagrado” son muy pocos los que reconocen aquellas canciones. Por lo mismo, que se hubiesen convertido en una leyenda viviente sería muy raro, su música, sus grandes discos de los 90 son muy desconocidos por el oyente exigente. Aparte se debe remarcar que Babasónicos es una banda que siempre generó una desconfianza, nunca han sido tomados muy en serio por el oyente más exigente, porque su popularidad la adquirieron en los 2000 con una seguidilla de discos y éxitos que deleitaron a una generación teenager ansiosa de desenfreno sexual. Es la misma generación que catapultó al reggaetón como género juvenil gobernante en estas tierras. Si Daddy Yanquee cantaba “La Gasolina” y si los reggaetoneros mostraban un estereotipo sexual basado en la dominación masculina por sobre la femenina, Babasónicos cantaba canciones como “Putita” o “Yegua” donde la mujer cumplía un papel mucho más altivo e independiente de la mirada masculina. Babasónicos por estas canciones fueron acusados desde ser una banda pro-gay hasta ser muy superficiales, o banda hecha para niñitas de 13, y acá en Chile se expandió fuertemente el prejuicio de que Babasónicos era una agrupación para la clase alta (¡!).  Muy, pero en exceso incomprendidos. Por la época, Dargelos y compañía señalaban que su cruzada traía como bandera el delirio, pues lo que querían en ese contexto (mediados de los 2000, el rock chabón manda en Argentina), era entregar canciones que tuvieran un compromiso más alto que simplemente entender a las canciones imbuidas en un compromiso social y político. Lo de Babasónicos era hacer canciones que interrumpieran precisamente esa comunicabilidad. El “algunas noches soy fácil” nunca fue comprendido, salvo por los adolescentes que sólo gozaban del desenfreno y diversión por el que apostaba la banda en esa época. En vivo el asunto era más confuso pues el público masculino no sabía qué hacer ante ese tipo de canciones, siendo que el femenino estallaba en una devoción total hacia la banda. Los fans de los 90 decían que los tipos estaban vendidos, que hacían temas para el gran público, y que la banda estaba en un ocaso, como siempre se dice: las bandas de rock tienen 5 o 6 discos grandes y luego decaen (prejuicio viejo, de las bandas de los 70, de los 80, pero no de Babasónicos). El punto es que si uno iba a la materialidad misma de los discos, tanto Jessico como Infame y Anoche guardaban diferencias, cosa que el disco Mucho también vino a reflejar. Babasónicos seguía siendo una banda muy camaleónica, y de a poco la política de la banda, tanto como su estética se iba mutando sin que nos diéramos cuenta. Y aparte, mientras más se adentraba la década de los 2000 Babasónicos seguía y seguía adquiriendo más popularidad con una montonera de hits (Putita, Irresponsables, Y qué, Carismático, Yegua, El Colmo, Pijamas, Microdancing, Las demás) y giras interminables por toda Latinoamérica. Antes de lanzar A Propósito se habían convertido, a mi parecer, en la banda más grande de la región, adaptándose a todos los vaivenes que el mercado e industria de la música vivió en la década pasada, es decir, desde la muerte de la gran industria hasta el apogeo total del internet como lugar de exhibición y circulación de la música popular.

Digo todo este preámbulo para sostener que Babasónicos es una banda que ya no está en esa, y se había demostrado ya hace dos años con A Propósito, que a mi modo de ver es un antecedente para este Romantisísmico. Si se fijan son sólo dos años que separan ambos discos, es muy extraño en la actualidad que una banda que lleva tanto tiempo tocando sea tan prominente, porque hay agrupaciones que llevan veinte años juntos, pienso en bandas igual de grandes como Café Tacuba o Radiohead. Pero ambos grupos están al menos cuatro o cinco años sin lanzar nada y sus integrantes están en un sinfín de proyectos alternativos, es decir, solo se reúnen a grabar el disco y a dar conciertos para echar a andar la empresa. Independiente que sean dos bandas que han seguido en un buen nivel, lo de Babasónicos juega en otra lid pues llevan 22 años sin parar, siguen con el mismo ritmo que cuando empezaron. Nadie te saca en diez años  (desde el 2001), y considerando que son una banda que ya llevaba diez años tocando, seis discos oficiales, un soundtrack, tres discos de remezcla, un disco de out-take, un disco en vivo, y creo que dos o tres documentales. Prolíficos es poco. Una banda con una ansiedad creativa tremenda. Pensándolo bien, no nos debería extrañar que hayan lanzado un disco tan pronto y que más encima los reinventa, y paralelamente los pone en el primer plano de la actualidad musical. Con toda esa actividad, tendría que contradecir lo extraño que me parece que nadie se percate que es una banda ya clásica, antiquísima, que vienen por su tercera década de actividad. Pues nadie se extraña porque los tipos no nos dan tiempo ni siquiera para percatarnos que son legendarios.

Por lo mismo, Romantisísmico confirma la regla, aunque confirmar la regla sea con Babasónicos seguir siempre sorprendiéndote. El disco es un puñado de doce tracks irresistibles, con un patrón que si bien vienen ensayando desde Mucho, creo que acá se consolida. Hay menos guiños forzados, y con esto me refiero específicamente a temas del tipo “Microdancing, que si bien son canciones que a estos tipos les salen geniales y no bochornosas como a cualquiera que se le  ocurriera cantar algo así. Pero temas de este tipo parece que desaparecieron y lo que permanece es el beat más melancólico tipo “Escamas o “Yo Anuncio, pero plegado con la onda más experimental que ensayaron en el disco anterior (“Flora y fauno, “Muñeco de Haití, principalmente). Aunque claro, lo experimental para Babasónicos siempre debe ser entendido dentro del formato canción, la experimentación de ellos siempre ha sido desde ahí. Hasta en los momentos en que la banda era más experimental (entre el 94 al 97) siempre fueron una banda de canciones y creo fuertemente que lo que han hecho desde Jessico hasta ahora es mejorar la relación que tienen con las canciones. Pareciera que cada vez las hacen mejores. Esto lo demuestra dos de las canciones principales del disco, que son “Run Run” y “Los burócratas del amor”. Si Babasónicos en Infame se sumergió en el formato de canción Latinoamérica sólo para superarla y llevarla a un extremo, ese extremo ha mutado y vemos que lo pasado en Anoche, Mucho y en A Propósito se consuma totalmente en el tono principal que tiene el disco que se resume en ambas canciones. Pero bien, son temas que hablan de amor, de las relaciones afectivas, pero Dargelos las torsiona, les da vuelta, permite tomar siempre una posición muy singular en esos conflictos que parecieran siempre estar imbuidas en el peor cliché: “uno de los dos tiene que hacer de ama de casa”. La mirada a este tipo de conflictos no es moral, para nada, guarda un trasfondo ético bien extraño, muy indescifrable: “no es el amor para recaudar ventajas”, “cuéntamelo todo, de la manera menos sutil, menos sutil…. Miénteme”. En “Los burócratas…”, por ejemplo, pareciera que lo afectivo nos lleva a un terreno de muchas preguntas y cuestionamientos que desbordan lo meramente afectivo: “Algunas cosas en la vida hay que pagarlas, el amor no todavía…” Acá el amor es la resistencia ante un mundo en que todo pero absolutamente todo es mercancía, sin embargo no es una droga, no es narcótica, y Dargelos se sigue preguntando ante ese algo que impide el encuentro real de los cuerpos: “cuánto vale ese rato…”. Ambas canciones no sólo dan el tono el disco sino que son los momentos más altos, un ya es el segundo single y la otra aparece fantasmalmente durante unos segundos en el video de “Los burócratas…”. Para quién haya escuchado el disco se habrá dado cuenta que la intensidad de estas canciones, la emoción que portan, son una cuestión irresistible.

El disco abre con el primer single elegido que fue “La Lanza”, es una canción bailable, muy directa, pero que sorprendió bastante al no tener el tono azucarado de las anteriores primeras entregas como “Deshoras” o “Pijamas”. Más encima acompañado por un muy buen video en donde Dargelos lo protagoniza mostrándose en un nuevo personaje por decirlo así, mucho más maduro y que de cierta forma le da un tono a la canción. “Aduana de palabras” es una canción que con las escuchas crece de una manera asombrosa sobre todo por ese “un puñado de papel con palabras”, y se encarga de poseer también el tono más sobresaliente del disco, junto con las ya mencionadas “Run Run” y “Los burócratas del amor”. Es un sonido distintivo, ya muy perfeccionado por la banda, donde las letras sensuales y crípticas de Dargelos se suman a los sinfín de arreglos que produce Tuñón en los sintetizadores, más los elegantes adornos en guitarra de Roger, los coros tenues de Uma Rodríguez, y así. Canciones que llevan la estampa de una banda que reinventó la canción pop en Latinoamérica. Agregaría a este conjunto de temas, “Uno dos tres” que va muy en la onda de “Aduana de palabras”, y donde Adrián nos sigue contando cómo entiende una relación afectiva, ahora entre tres personas que no sabemos muy bien quiénes serán. Lo que sí es que acá reina la confusión: “uno de los tres va a decir algo que seguro no le va a gustar a dos y entre esos dos estamos vos y yo, sólo falta saber quién de nosotros traicionó.” La postura de Dargelos es siempre la arrogancia del tipo que está totalmente afectado por algo pero que no puede hacer nada, no puede decidir porque su vacilación lo ha llevado tan lejos en un delirio que no tiene vuelta atrás: “Quiero reconocer todas esas cosas malas que hay en mí, pero no creo que pueda arreglarlas por el momento”. Qué decir de “Celofán”, la confusión es mucho mayor en tanto es una persona que se resiste a vivir su emoción más profunda, aunque caiga a esos encantos no puede salir, no puede dejar aflorar el deseo. Lo curioso es que en principio es una canción dulzona, melosa, pero la letra es apabullante emocionalmente. Lo que sí es que es uno de los grandes momentos del disco, sobre todo porque tiene una cita muy grande al rock setentero argentino  y despide el disco de una manera muy elegante. La acústica “Casi” que a muchos les recordó a “Valle de Valium” es otra letra dargeliana, con esa mirada arrogante pero totalmente certera, de un tipo que dice aquello que nadie se atreve a decir: “ese casi que crees que somos está a punto de tomar partido equivocado”. Sin embargo, un tema como “Negrita” viene a poner algo más novedoso en la producción de esta estampa de canciones, pues tiene un groove reggae, muy percutivo. Este detalle de la percusión es quizás una característica muy marcada de Romantisísmico, pues se nota la colaboración de Carca, pero también volvieron a utilizar algo que quizás fue muy de los 90 para ellos, cuando DJ Peggyn estaba en la banda aún. Lo que sí es que el reggae más romántico sería la novedad, hay que recordar que en Pasto (1992) hay harta influencia reggae, es una cosa que ya habían experimentado en sus comienzo.

El disco en su parte más rockera tiene a “Uso” y “El baile de Odín” como protagonistas. La primera también con un groove bien potente entre batería y bajo, el trabajo muy alto de Roger nuevamente, lo que sí es que todo en una fusión muy infecciosa, por sobre todo con los “chananana”. La segunda es uno de los grandes momentos del disco, creo que no habían hecho un rocker con estas características, y aquí es donde también la colaboración de Carca se nota, al existir un juego de guitarras mucho más predominante y que lleva la canción junto a la batería de Panza en una onda que no se recordaba. Es un rocker bien potente pero a medio tiempo, con una letra de Adrián que nos recuerda la época de Dopádromo: “Corpiños en la valla del final de acción/Corpus sudado, vaselina, termo fría/Alguien a lo bonzo bailotea". Otro rocker aunque con más influencia jazzera es “Paisano”, que contiene la declaración de principios que siempre existe en un disco de Babasónicos: “quiero que mi alma sea vaga, que no trabaje para nadie…” Lo más notable de la canción es la incursión estilística que logra, que no se recordaba a la banda, y por sobre todo, porque es otra voz la que un momento se escucha, la de Carca.

“Humo” es la canción elegida para abrir los show de presentación del disco, viaja desde la pausa hasta el desenfreno rocker en la estampa sónica. Nuevamente las guitarras son protagónicas, demostrándose que en el disco hay una apuesta bien marcada hacia el rock o un rescate más bien. Y ese rescate no es como algunos lo han querido ver, del pasado de la banda, sino más bien de un pasado de la canción argentina, de una tradición argentina de hacer rock y que estos tipos son sus más genuinos herederos. Babasónicos con este disco, que podría ser el último que saquen, o quizás el primero de una larga corrida de discos que tengan afecciones similares, no lo sabemos, demuestra que no es novedad que saquen un buen disco y que no es novedad al parecer que sigan mutando. Con Babasónicos nunca se sabe, por lo mismo el futuro que tengan es, a lo sumo, impredecible, lo que sí es que enfrentaron este año 2013 así, con esta obra, con este conjunto de canciones, que hay que decirlo, están todas muy buenas.

Año: 
2013
País: 
Argentina
Canciones: 
  1. La lanza
  2. Aduana de palabras
  3. El baile de Odín
  4. Run Run
  5. Los burócratas del amor
  6. Negrita
  7. Uso
  8. Humo
  9. Casi
  10. Uno tres dos
  11. Paisano
  12. Celofán

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