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Paris 1919
John Cale
Por:

Cuando una banda de drogadictos capaces de publicar algo como White Light/White Heat te echa por tener intenciones demasiado vanguardistas es porque, man, tienes que ser el tipo más avant-garde del mundo. Ese tipo era John Cale. Por eso encontrarse con Paris 1919 publicado sólo 4 años después de su partida de la Velvet es, como mínimo, curioso. Desde su blanca portada, con Cale de blanco y un aire de inglesito toma té, uno se da cuenta de que esto no sea tal vez lo que esperamos.

Y vaya que no lo es. Paris 1919 es un disco completamente pop, pero entiéndase un pop delicado y muy elegante. Lo primero que llama la atención es la voz de Cale: uno lo había escuchado antes en segundas voces con la Velvet o recitando en “The Gift”, pero caray, tiene una voz hermosa, perfecta para la calma presentada en este disco.

El tipo definitivamente ya no está innovando como en “Sister Ray” o “I'm Waiting For The Man”, pero sí puede entregar una maravillosa colección de nueve canciones de pop blando y hermoso. Varios momentos hay para destacar: el primero llega con la balada “Hanky Panky Nowhow”, que con cada repetición del título resulta más y más emotiva. El siguiente gran momento viene con “Andalucia”, otra balada que me hace pensar que, o soy maricón, o Cale es un maestro a la hora de componer baladas emotivas. Por ahora quedémonos con la segunda opción.

Pero lo mejor se viene en el tema titular, una joyita de pop barroco que se adelanta al sonido del lado más pop que Brian Eno nos mostraría un tiempo después en Another Green World. El aire festivo de los lalalas y la sencilla pero efectiva letra sobre una mujer intermitente no hace más que plantarme una sonrisa en la boca y la obligación de cantarla cada vez que suena.

Después existen otros grandes momentos, como el uso del slide en “Half Past France” o la manera en que rockea el coro en “Macbeth”, único momento rockero del disco con un sonido entre glam y el mencionado pop barroco bastante peculiar.

El mayor defecto de este caramelo es que es eso, un caramelo; termina siendo medio empalagoso a veces y no es algo que se te antoje escuchar todos los días (el conjunto: algunos temas por sí solos no se te van de la mente y da para quemarlos, en mi caso el tema titular), pero la fórmula de 3-4 minutos, letras personales, base de piano, melodías irresistibles y muy buen gusto para hacer las cosas, por lo menos para mí, resulta infalible.

Año: 
1973
País: 
Estados Unidos

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